Translate

vendredi 27 septembre 2013

El papa invita a rezar incesantemente por la paz en Siria, Lí­bano y Oriente Medio



El papa esta mañana ha concelebrado la eucaristía matutina en Santa Marta con los cardenales Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales y Béchara Boutros Raï, patriarca de Antioquía de los maronitas, junto a un grupo de obispos maronitas venidos del Líbano, de Siria, de Tierra Santa y de otros países de todo el mundo. Las ideas que han estado al centro de su predicación han sido "la vergüenza delante de Dios, la oración para implorar la misericordia divina y la plena confianza en el Señor".
El santo padre ha comentado las lecturas de la liturgia deteniéndose de forma particular en el fragmento del libro de Esdras. Francisco ha desarrollado la homilía en torno a tres conceptos.
En primer lugar la actitud de vergüenza y confusión del Esdras delante de Dios, hasta el punto de no poder alzar los ojos hacia Él. Vergüenza y confusión de todos nosotros por los pecados cometidos, que nos han llevado a la esclavitud porque hemos servido a ídolos que no son Dios.
A continuación ha pasado al segundo concepto: la oración. "Según el ejemplo de Esdras, que de rodillas alza las manos hacia Dios implorando misericordia, así debemos hacer nosotros por nuestro innumerables pecados". Ha continuado el papa remarcando que es necesario elevar también una oración por la paz en Líbano, en Siria y en todo Oriente Medio. Y ha añadido que "la oración es siempre y sin embargo, el camino que debemos recorrer para afrontar los momentos difíciles, como las pruebas más dramáticas y la oscuridad que a veces nos rodea en situaciones impredecibles. El pontífice ha subrayado que para encontrar el camino de salida de todo ello es necesario rezar incesantemente".
Finalmente, el santo padre ha hablado de la confianza absoluta en Dios que nunca nos abandona. "Estamos seguros que el Señor está con nosotros y, por tanto, nuestro caminar debe hacerse perseverar gracias a la esperanza que infunde fortaleza. La palabra de los pastores será tranquilizante para los fieles: el Señor no nos abandonará nunca", ha señalado el papa.
Después de la comunión, el cardenal Bechara Raï ha dirigido un agradecimiento al santo padre y un saludo cordial en nombre de los obispos participantes, de todos los maronitas y de todo el Líbano, confirmando su fidelidad a Pedro y a su sucesor "que nos sostiene en nuestro camino a menudo espinoso". En particular ha dado las gracias al papa por el fuerte impulso que ha dado a la búsqueda de la paz: "Su oración y exhortación por la paz en Siria y en Oriente Medio ha sembrado esperanza y consuelo".
(Fuente: Radio Vaticana)


El sacramento no es un rito mágico, sino el encuentro con Jesús que nos espera


Recordó en la misa de Santa Marta que Dios "es un compañero de camino, que hace la historia con nosotros"

Jesús nos espera siempre, esta es la humildad de Dios. Es lo que dijo el papa Francisco en la misa de esta mañana en la Casa Santa Marta. El papa, quien se inspiró en el salmo "Vamos alegres a la casa del Señor", subrayó que el sacramento no es un ritual mágico, sino un encuentro con Jesús, que nos acompaña en la vida.
El papa Francisco se inspiró en el salmo de hoy, recitado después de la primera lectura, para detenerse sobre la presencia del Señor en nuestra vida. Una presencia que acompaña. En la historia del Pueblo de Dios, observó el papa, hay "buenos momentos que dan alegría", y también momentos malos "de dolor, de martirio, de pecado":
"Y sea en los momentos malos, como en los buenos tiempos, una cosa es siempre la misma: ¡el Señor está allí, nunca abandona a su pueblo! Porque el Señor, aquel día del pecado, del primer pecado, ha tomado una decisión, hizo una elección: hacer historia con su pueblo. Y Dios, que no tiene historia, porque es eterno, ha querido hacer historia, caminar cerca de su pueblo. Pero más aún: convertirse en uno de nosotros, y como uno de nosotros, caminar con nosotros, en Jesús. Y esto nos habla de la humildad de Dios".
He aquí, pues, que la grandeza de Dios --añadió, es su humildad: "Ha querido caminar con su pueblo". Y cuando su pueblo "se alejaba de Él por el pecado, con la idolatría", "Él estaba allí" esperando. Y también Jesús –continuó, viene con "esta actitud de humildad”. Él quiere "caminar con el pueblo de Dios, caminar con los pecadores; incluso caminar con los soberbios". El Señor, dijo, ha hecho mucho "para ayudar a estos corazones soberbios de los fariseos":
"Humildad. Dios siempre está listo. Dios está a nuestro lado, Dios camina con nosotros, es humilde, siempre nos espera. Jesús siempre nos espera. Esta es la humildad de Dios. Y la Iglesia canta con alegría esta humildad de Dios que nos acompaña, como lo hicimos con el Salmo. "Vamos alegres a la casa del Señor': vamos con alegría porque Él nos acompaña, Él está con nosotros. Y el Señor Jesús, incluso en nuestra vida personal nos acompaña: con los sacramentos. El sacramento no es un ritual de magia: se trata de un encuentro con Jesucristo, nos encontramos con el Señor. Es Él quien está al lado de nosotros y nos acompaña".
Jesús se hace "compañero de camino". "También el Espíritu Santo –añadió, nos acompaña y nos enseña todo lo que no sabemos, en el corazón" y "nos recuerda todo lo que Jesús nos enseñó". Y así "nos hace sentir la belleza del buen camino".
"Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo -dijo el papa Francisco, son compañeros de camino, hacen la historia con nosotros".
Y esto --continuó, la Iglesia lo celebra "con gran alegría, incluso en la Eucaristía", con la "cuarta oración eucarística", donde "se canta el amor tan grande de Dios que ha querido ser humilde, que ha querido ser compañero de viaje de todos nosotros, que ha querido también Él hacerse historia con nosotros".
"Y si Él entró en nuestra Historia, entremos también nosotros un poco en la historia de Dios, o por lo menos pidámosle la gracia de dejar escribir nuestra historia por Él: que Él escriba nuestra historia. Es algo seguro".
Traducido y adaptado por José Antonio Varela V. del texto original italiano de Radio Vaticana
(24 de septiembre de 2013) © Innovative Media Inc.


«Emigrantes y refugiados: hacia un mundo mejor»

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA JORNADA MUNDIAL 
DEL EMIGRANTE Y DEL REFUGIADO 2014 
 

«Emigrantes y refugiados: hacia un mundo mejor»

Queridos hermanos y hermanas:
Nuestras sociedades están experimentando, como nunca antes había sucedido en la historia, procesos de mutua interdependencia e interacción a nivel global, que, si bien es verdad que comportan elementos problemáticos o negativos, tienen el objetivo de mejorar las condiciones de vida de la familia humana, no sólo en el aspecto económico, sino también en el político y cultural. Toda persona pertenece a la humanidad y comparte con la entera familia de los pueblos la esperanza de un futuro mejor. De esta constatación nace el tema que he elegido para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado de este año: Emigrantes y refugiados: hacia un mundo mejor.
Entre los resultados de los cambios modernos, el creciente fenómeno de la movilidad humana emerge como un “signo de los tiempos”; así lo ha definido el Papa Benedicto XVI (cf. Mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado 2006). Si, por un lado, las migraciones ponen de manifiesto frecuentemente las carencias y lagunas de los estados y de la comunidad internacional, por otro, revelan también las aspiraciones de la humanidad de vivir la unidad en el respeto de las diferencias, la acogida y la hospitalidad que hacen posible la equitativa distribución de los bienes de la tierra, la tutela y la promoción de la dignidad y la centralidad de todo ser humano.
Desde el punto de vista cristiano, también en los fenómenos migratorios, al igual que en otras realidades humanas, se verifica la tensión entre la belleza de la creación, marcada por la gracia y la redención, y el misterio del pecado. El rechazo, la discriminación y el tráfico de la explotación, el dolor y la muerte se contraponen a la solidaridad y la acogida, a los gestos de fraternidad y de comprensión. Despiertan una gran preocupación sobre todo las situaciones en las que la migración no es sólo forzada, sino que se realiza incluso a través de varias modalidades de trata de personas y de reducción a la esclavitud. El “trabajo esclavo” es hoy moneda corriente. Sin embargo, y a pesar de los problemas, los riesgos y las dificultades que se deben afrontar, lo que anima a tantos emigrantes y refugiados es el binomio confianza y esperanza; ellos llevan en el corazón el deseo de un futuro mejor, no sólo para ellos, sino también para sus familias y personas queridas.
¿Qué supone la creación de un “mundo mejor”? Esta expresión no alude ingenuamente a concepciones abstractas o a realidades inalcanzables, sino que orienta más bien a buscar un desarrollo auténtico e integral, a trabajar para que haya condiciones de vida dignas para todos, para que sea respetada, custodiada y cultivada la creación que Dios nos ha entregado. El venerable Pablo VI describía con estas palabras las aspiraciones de los hombres de hoy: «Verse libres de la miseria, hallar con más seguridad la propia subsistencia, la salud, una ocupación estable; participar todavía más en las responsabilidades, fuera de toda opresión y al abrigo de situaciones que ofenden su dignidad de hombres; ser más instruidos; en una palabra, hacer, conocer y tener más para ser más» (Cart. enc. Populorum progressio, 26 marzo 1967, 6).
Nuestro corazón desea “algo más”, que no es simplemente un conocer más o tener más, sino que es sobre todo un ser más. No se puede reducir el desarrollo al mero crecimiento económico, obtenido con frecuencia sin tener en cuenta a las personas más débiles e indefensas. El mundo sólo puede mejorar si la atención primaria está dirigida a la persona, si la promoción de la persona es integral, en todas sus dimensiones, incluida la espiritual; si no se abandona a nadie, comprendidos los pobres, los enfermos, los presos, los necesitados, los forasteros (cf. Mt 25,31-46); si somos capaces de pasar de una cultura del rechazo a una cultura del encuentro y de la acogida.
Emigrantes y refugiados no son peones sobre el tablero de la humanidad. Se trata de niños, mujeres y hombres que abandonan o son obligados a abandonar sus casas por muchas razones, que comparten el mismo deseo legítimo de conocer, de tener, pero sobre todo de ser “algo más”. Es impresionante el número de personas que emigra de un continente a otro, así como de aquellos que se desplazan dentro de sus propios países y de las propias zonas geográficas. Los flujos migratorios contemporáneos constituyen el más vasto movimiento de personas, incluso de pueblos, de todos los tiempos. La Iglesia, en camino con los emigrantes y los refugiados, se compromete a comprender las causas de las migraciones, pero también a trabajar para superar sus efectos negativos y valorizar los positivos en las comunidades de origen, tránsito y destino de los movimientos migratorios.
Al mismo tiempo que animamos el progreso hacia un mundo mejor, no podemos dejar de denunciar por desgracia el escándalo de la pobreza en sus diversas dimensiones. Violencia, explotación, discriminación, marginación, planteamientos restrictivos de las libertades fundamentales, tanto de los individuos como de los colectivos, son algunos de los principales elementos de pobreza que se deben superar. Precisamente estos aspectos caracterizan muchas veces los movimientos migratorios, unen migración y pobreza. Para huir de situaciones de miseria o de persecución, buscando mejores posibilidades o salvar su vida, millones de personas comienzan un viaje migratorio y, mientras esperan cumplir sus expectativas, encuentran frecuentemente desconfianza, cerrazón y exclusión, y son golpeados por otras desventuras, con frecuencia muy graves y que hieren su dignidad humana.
La realidad de las migraciones, con las dimensiones que alcanza en nuestra época de globalización, pide ser afrontada y gestionada de un modo nuevo, equitativo y eficaz, que exige en primer lugar una cooperación internacional y un espíritu de profunda solidaridad y compasión. Es importante la colaboración a varios niveles, con la adopción, por parte de todos, de los instrumentos normativos que tutelen y promuevan a la persona humana. El Papa Benedicto XVI trazó las coordenadas afirmando que: «Esta política hay que desarrollarla partiendo de una estrecha colaboración entre los países de procedencia y de destino de los emigrantes; ha de ir acompañada de adecuadas normativas internacionales capaces de armonizar los diversos ordenamientos legislativos, con vistas a salvaguardar las exigencias y los derechos de las personas y de las familias emigrantes, así como las de las sociedades de destino» (Cart. enc.Caritas in veritate, 19 junio 2009, 62). Trabajar juntos por un mundo mejor exige la ayuda recíproca entre los países, con disponibilidad y confianza, sin levantar barreras infranqueables. Una buena sinergia animará a los gobernantes a afrontar los desequilibrios socioeconómicos y la globalización sin reglas, que están entre las causas de las migraciones, en las que las personas no son tanto protagonistas como víctimas. Ningún país puede afrontar por sí solo las dificultades unidas a este fenómeno que, siendo tan amplio, afecta en este momento a todos los continentes en el doble movimiento de inmigración y emigración.
Es importante subrayar además cómo esta colaboración comienza ya con el esfuerzo que cada país debería hacer para crear mejores condiciones económicas y sociales en su patria, de modo que la emigración no sea la única opción para quien busca paz, justicia, seguridad y pleno respeto de la dignidad humana. Crear oportunidades de trabajo en las economías locales, evitará también la separación de las familias y garantizará condiciones de estabilidad y serenidad para los individuos y las colectividades.
Por último, mirando a la realidad de los emigrantes y refugiados, quisiera subrayar un tercer elemento en la construcción de un mundo mejor, y es el de la superación de los prejuicios y preconcepciones en la evaluación de las migraciones. De hecho, la llegada de emigrantes, de prófugos, de los que piden asilo o de refugiados, suscita en las poblaciones locales con frecuencia sospechas y hostilidad. Nace el miedo de que se produzcan convulsiones en la paz social, que se corra el riesgo de perder la identidad o cultura, que se alimente la competencia en el mercado laboral o, incluso, que se introduzcan nuevos factores de criminalidad. Los medios de comunicación social, en este campo, tienen un papel de gran responsabilidad: a ellos compete, en efecto, desenmascarar estereotipos y ofrecer informaciones correctas, en las que habrá que denunciar los errores de algunos, pero también describir la honestidad, rectitud y grandeza de ánimo de la mayoría. En esto se necesita por parte de todos un cambio de actitud hacia los inmigrantes y los refugiados, el paso de una actitud defensiva y recelosa, de desinterés o de marginación –que, al final, corresponde a la “cultura del rechazo”- a una actitud que ponga como fundamento la “cultura del encuentro”, la única capaz de construir un mundo más justo y fraterno, un mundo mejor. También los medios de comunicación están llamados a entrar en esta “conversión de las actitudes” y a favorecer este cambio de comportamiento hacia los emigrantes y refugiados.
Pienso también en cómo la Sagrada Familia de Nazaret ha tenido que vivir la experiencia del rechazo al inicio de su camino: María «dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada» (Lc 2,7). Es más, Jesús, María y José han experimentado lo que significa dejar su propia tierra y ser emigrantes: amenazados por el poder de Herodes, fueron obligados a huir y a refugiarse en Egipto (cf. Mt2,13-14). Pero el corazón materno de María y el corazón atento de José, Custodio de la Sagrada Familia, han conservado siempre la confianza en que Dios nunca les abandonará. Que por su intercesión, esta misma certeza esté siempre firme en el corazón del emigrante y el refugiado.
La Iglesia, respondiendo al mandato de Cristo «Id y haced discípulos a todos los pueblos», está llamada a ser el Pueblo de Dios que abraza a todos los pueblos, y lleva a todos los pueblos el anuncio del Evangelio, porque en el rostro de cada persona está impreso el rostro de Cristo. Aquí se encuentra la raíz más profunda de la dignidad del ser humano, que debe ser respetada y tutelada siempre. El fundamento de la dignidad de la persona no está en los criterios de eficiencia, de productividad, de clase social, de pertenencia a una etnia o grupo religioso, sino en el ser creados a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,26-27) y, más aún, en el ser hijos de Dios; cada ser humano es hijo de Dios. En él está impresa la imagen de Cristo. Se trata, entonces, de que nosotros seamos los primeros en verlo y así podamos ayudar a los otros a ver en el emigrante y en el refugiado no sólo un problema que debe ser afrontado, sino un hermano y una hermana que deben ser acogidos, respetados y amados, una ocasión que la Providencia nos ofrece para contribuir a la construcción de una sociedad más justa, una democracia más plena, un país más solidario, un mundo más fraterno y una comunidad cristiana más abierta, de acuerdo con el Evangelio. Las migraciones pueden dar lugar a posibilidades de nueva evangelización, a abrir espacios para que crezca una nueva humanidad, preanunciada en el misterio pascual, una humanidad para la cual cada tierra extranjera es patria y cada patria es tierra extranjera.
Queridos emigrantes y refugiados. No perdáis la esperanza de que también para vosotros está reservado un futuro más seguro, que en vuestras sendas podáis encontrar una mano tendida, que podáis experimentar la solidaridad fraterna y el calor de la amistad. A todos vosotros y a aquellos que gastan sus vidas y sus energías a vuestro lado os aseguro mi oración y os imparto de corazón la Bendición Apostólica.
Vaticano, 5 de agosto de 2013.

FRANCISCO



dimanche 22 septembre 2013

Instrumentalizar a los pobres por intereses propios es pecado grave


El papa en Cerdeña a los pobres y encarcelados: 'Miremos a Jesús, esto nos da tanta fuerza'. La solidaridad es el camino, la humildad no es una ideología. La caridad no es asistencialismo, porque eso es negocio
Por Redacción
ROMA, 22 de septiembre de 2013 (Zenit.org) - Pocos minutos después de las 15 horas, el papa Francisco viajaba en el papamovil entre la gente que le esperaba por las calles y le aplaudía.
Después de haber saludado y besado a algunos niños, entró en la catedral. Y mientras el coro creaba una atmósfera recogida, el papa se sentó adelante, al pié del altar.
El arzobispo de Cagliari, Arrigo Miglio, recordó que estaban presentes los voluntarios de la Cáritas, un grupo de presos.  Al final de sus palabras el papa saludó a diversas personas, pobres, detenidos, encarcelados menores, ex prostitutas y también enfermos y personas varias.
El papa inició agradeciendo a los presentes de estar allí, y en su “yo me siento aquí como en mi casa” estallaron los aplausos. “Porque como se dice en América Latina esta casa es mi casa” dijo.
El papa subrayó, en algunas palabras fuera del discurso que había preparado: “Aquí sentimos de manera fuerte y concreta que somos todos hermanos. Aquí el único Padre es el Padre Celeste, y el único maestro es Jesucristo”. Y volviendo al mensaje escrito recordó: “La primera cosa que quiero compartir es esta alegría de tener a Jesús como Maestro”.
Y les aconsejó: “Miremos hacia Él, esto nos da tanta fuerza, tanta consolación en nuestras fragilidades, en nuestras miserias y dificultades”. Porque “todos los que estamos aquí somos iguales delante del Padre”, y señaló que “Jesús decidió de hacerse hombre y como hombre hacerse siervo, hasta la morir en la cruz”. El papa precisó que esta es la vía del amor, y señaló que “la caridad no es asistencialismo” porque advirtió que eso “es hacer negocios”.
Sobre la palabra solidaridad en esta cultura de lo descartable consideró “que corre el riesgo de ser borrada del vocabulario, porque da fastidio y en cambio nosotros decimos que este es el camino”. Y recordó que la humildad de Jesús fue real, porque eligió de estar con los pequeños, con los excluidos, con nosotros. Pero volvió a advertir: “Atención, no es una ideología”.
Un segundo aspecto que quiso subrayar el santo padre es que “Jesús no vino al mundo para hacer un desfile, para hacerse ver” y por eso agradeció a Dios por el empeño de aquellos que quieren seguirlo, en particular los voluntarios a quienes instó a “ realizar obras de misericordia con misericordia, las de caridad con caridad, con ternura y siempre con humildad.
“¿Saben?, a veces se encuentra arrogancia en el servir a los pobres” dijo, y “estoy seguro que ustedes lo han visto, la arrogancia de quienes saben que necesitamos de su servicio”. Y señalo que “algunos instrumentalizan a los pobres por intereses personales o del propio grupo. Sé que esto es humano ¡pero no está bien! Y digo más: esto es pecado, pecado grave, porque es usar a los que son carne de Jesús para su vanidad propia”, y concluyó el santo padre: “Sería mejor si estas personas se quedaran en su casa”.
“Siguiendo a Cristo en la vía de la caridad sembramos la esperanza” dijo. Recordó que la sociedad italiana y en general, necesita esperanza, “y algunos miembros de ella deben empeñarse en el sector político que es una forma alta de caridad”. Matizó que como Iglesia existe una responsabilidad de colaborar con las instituciones públicas respetando las propias competencias.
Y repitió “No se dejen robar la esperanza y vayan adelante”. Concluyó bendiciendo “a todos ustedes junto a vuestras familias”. Al despedirse pidió: “recen por mí que tengo mucha necesidad de oraciones”.
A la salida de la catedral hubo un evento fuera de programa, del santo padre encontró a un grupo de unas cien religiosas de clausura, de diversas congregaciones. “El señor nos ha llamado --les dijo-- para sostener a la Iglesia, ante todo con las oraciones. Recen por mí”.

Leer la realidad sin miedos, sin fugas y sin catastrofismos


El papa al mundo universitario: no tener miedo de confrontarse, no resignarse. La universidad como cultura de cercanía constructiva
Por Redacción
ROMA, 22 de septiembre de 2013 (Zenit.org) - Unos pocos minutos después de las 16 horas, el santo padre llegó a la Pontificia Facultad Teológica Regional en Cerdeña. El papa fue recibido por la comunidad de jesuitas en el aula Magna, con la presencia de los docentes y estudiantes de dicha universidad pero también de otras estatales de Cerdeña. Tras los saludos de los directores de la universidad, el papa dirigió el siguiente discurso:
Queridos amigos, a todos les doy mi cordial saludo.
Agradezco al padre director y a los rectores magníficos por sus palabras de acogida, y les deseo todo tipo de bien por el trabajo de las tres instituciones. Les agradezco el trabajo de las Pontificia Facultad Teológica que nos hospeda, en particular a los padres jesuitas que realizan con generosidad su precioso servicio y a todo el cuerpo académico. La preparación de los candidatos al sacerdocio es siempre un objetivo primario, pero también la formación de los laicos es muy importante.
No quiero hacer una lección académica mismo si el contexto y el hecho que ustedes son un grupo calificado lo solicitaría. Prefiero ofrecer algunas reflexiones hechas en alta voz que parten de mi experiencia de hombre y de Pastor de la Iglesia.
Y por esto me dejo guiar por un párrafo del evangelio, haciendo una lectura 'existencial', la de los discípulos de Emaús: dos discípulos que Jesús que después de su muerte retornan a su pueblo. He elegido tres palabras clave: desilusión, resignación, esperanza.
Estos discípulos llevan en su corazón sufrimiento y desorientación por la muerte de Jesús, están desilusionados por como acabaron las cosas. Un sentimiento análogo lo encontramos también en nuestra situación actual: la desilusión, debido a una crisis económico-financiera, pero también ecológica, educativa, moral. Es una crisis que se refiere al presente y al futuro histórico, existencial del hombre en esta nuestra civilización occidental, que termina por afectar al mundo entero.
Claramente cada época de la historia contiene en sí elementos críticos, pero al menos en los cuatro últimos siglos no se ha visto nunca así --el tambalear las certezas fundamentales que constituyen la vida de los seres humanos-- como en nuestra época.
Pienso a la deterioración del ambiente, a los desequilibrios sociales, a la terrible pontencia de las armas, al sistema económico-financiero, al desarrollo y al peso de los medios de información, de comunicación y de transporte. Es un cambio que afecta el modo mismo en el cual la humanidad lleva su existencia en este mundo.
Delante a esta realidad ¿Cuáles son las reacciones? Volvamos a los dos discípulos de Emaús: desilusionados delante de la muerte de Jesús se muestran resignados y buscan de huir de la realidad, dejan Jerusalén. Mismas actitudes que podemos leer también en este momento histórico. Delante de la crisis nos podemos resignar, ser pesimistas hacia cualquier posibilidad eficaz de intervención. En un cierto sentido es un 'salirse afuera' de la misma dinámica del actual momento histórico, denunciando los aspectos más negativos con una mentalidad similar a la de aquel movimiento espiritual y teológico del II siglo después de Cristo que es llamado 'apocalíptico'.
Esta concepción pesimista de la libertad humana y de los procesos históricos lleva a una especie de parálisis de la inteligencia y de la voluntad. La desilusión lleva también a una especie de fuga, a buscar 'islas' o momentos de tregua. Es algo similar a la actitud de Pilatos, el 'lavarse las manos'. Una actitud que parece 'pragmática' pero que de hecho ignora el grito de justicia, de responsabilidad social, y que lleva al individualismo a la hipocresía o peor a una especie de cinismo.
A este punto nos pedimos: ¿Tiene una via de salida esta situación? ¿Debemos resignarnos? ¿Tenemos que dejar oscurecer la esperanza? ¿Tenemos que huir de la realidad? Tenemos que 'lavarnos las manos' y cerrarnos en nosotros mismos? Pienso que no sea una vía que debemos recorres, pero que justamente el momento histórico que vivimos nos empuja a buscar y encontrar las vías de esperanza, que abran nuevos horizontes a nuestra sociedad. Y aquí está el precioso rol de la universidad como lugar de elaboración y transmisión del saber, de formación de la 'sapienza' en el sentido más profundo del término, de educación integral de la persona. En esta dirección quiero ofrecer algunos breves puntos sobre los cuales reflexionar.
La universidad como lugar de discernimiento: Es importante leer la realidad, mirándola en la cara. Las lecturas ideológicas o parciales no sirve, alimentan solamente la ilusión y la desilusión. Leer la realidad pero también vivir esta realidad sin miedos, sin fugas y sin catastrofismos

Cada crisis, incluso esa actual, es un pasaje, el dolor de un parto que comporta fatiga, sufrimiento, pero que trae consigo el horizonte de la vida, de una renovación, trae la fuerza de la esperanza. La cirisis puede volverse un momento de purificación y de reconsideración de nuestros modelos económicos sociales y de una cierta concepción del progreso que ha alimentado ilusiones para recuperar lo humano en todas sus dimensiones.

El discernimiento no es ciego ni se improvisa: se realiza sobre criterios éticos y espirituales, implica interrogarse sobre lo que es bueno, sobre los propios valores de una visión del hombre y del mundo, una visión de la persona en todas sus dimensiones, especialmente aquella espiritual, trascendente. No se puede considerar nunca a la persona como 'material humano.
La universidad como lugar de 'sapienza' tiene una función muy importante en el formar el discernimiento para alimentar la esperanza, Cuando el viandante desconocido que es Jesús Resuscitado, se acerca a los dos discípulos de Emaús, tristes y desconsolados no intenta esconder la realidad de la crucifixión, de la aparente derrota que ha provocado su crisis, al contrario los invita a leer la realidad para guiarlos a la luz de su Resurrección:
“Oh insensatos y tardos de corazón.. ¿No era era necesario que el Cristo padeciera todo esto para entrar así en su gloria? Tener discernimiento significa no huir, sino leer seriamente, sin prejuicios la realidad".
Otro elemento: la universidad como lugar en el que se elabora la cultura de la proximidad y de la cercanía. El aislamiento y el cierre en si mismos o en los propios intereses no son nunca el camino para dar esperanza o para obrar una renovación, pero es la cercanía, es la cultura del encuentro.
La universidad es el lugar privilegiado en el que se promueve, se enseña, se vive enseña cultura del diálogo, que no nivela indiscriminadamente diferencias y pluralismos --uno de los riesgos de la globalización-- y tampoco los extrema haciéndolos volver motivo de choque, pero abre a la confrontación constructiva.
Esto significa entender y valorizar las riquezas del otro, considerándolo no con indiferencia o con temor, pero como un factor de crecimiento. Las dinámicas que rigen las relaciones entre personas, entre grupos, entre naciones, con frecuencia no son de cercanía, de encuentro pero de choque.
Me reporto a la estrofa evangélica: cuando Jesús se acerca a los discípulos de Emaús y comparte su camino, escucha su lectura de la realidad, su desilusión y dialoga con ellos; justamente de esta manera reenciende en sus corazones la esperanza, abre nuevos horizontes que estaban ya presentes, pero que solamente el encuentro con el Resucitado permite reconocer. No tengan nunca miedo del encuentro, del diálogo, del confrontarse, mismo entre universidades. En todos los niveles. Aquí estamos en la sede de la Facultad Teológica, permítanme de decirles: no tengan miedo de abrirse también a los horizontes de la trascendencia, al encuentro con Cristo o de profundizar la relación con Él. La fe no reduce nunca el espacio de la razón, pero lo abre a una visión integral del hombre y de la realidad , y lo defiende del peligro de reducir el hombre a 'material humano'.
Un último elemento: la universidad como lugar de formación en la solidaridad. La palabra solidaridad no pertenece solamente al vocabulario cristiano, es una palabra fundamental del vocabulario humano. El discernimiento de la realidad, asumiendo el momento de crisis, la promoción de una cultura del encuentro y del diálogo orientan hacia la solidaridad como elemento fundamental para una renovación de nuestras sociedades.
En el encuentro, el diáologo entre Jesús y los dos discípulos de Emaús, que reenciende la esperanza y renueva la esperanza y renueva el camino de su vida, lleva a compartir: lo reconocen al dividir el pan. Es el signo de la eucaristía, de Dios que se hace así cercano en Cristo de volverse presencia constante, al punto de compartir su propia vida. Y esto nos indica a todos, también a quien no cree, que es justamente en una solidaridad no dicha sino vivida que las relaciones pasan del considerar al otro como 'material humano' o como 'número' al considerarlo como persona.
No hay futuro para ningún país, para ninguna sociedad, para nuestro mundo, si no sabremos ser todos más solidarios. Solidaridad por lo tanto como modo de hacer historia, como ámbito vital en el cual los conflictos, las tensiones, también los opuestos alcanzan una armonía que generan vida. Antes de concluír permítanme subrayar que a nosotros cristianos la fe misma nos da una esperanza sólida que nos empuja a discernir la realidad, a vivir al cercanía y la solidaridad, porque Dios mismo ha entrado en nuestra historia, volviéndose hombre en Jesús y se ha sumergido en nuestra debilidad haciéndose cercano a todos, mostrando solidaridad concreta, especialmente hacia los más pobres y necesitados, abriéndonos un horizonte infinito y seguro de esperanza.
Estimados amigos, gracias por este encuentro y por vuestra atención. La esperanza sea la luz que ilumina siempre vuestro estudio y vuestro empeño. Que Dios les bendiga.

Homilía de Francisco en Cagliari: 'María, hoy queremos decirte: ¡Madre, dónanos tu mirada!'


En la catedral de Nuestra Señora de Bonaria saludó a autoridades, visitó a los enfermos e instó a dar testimonio de los valores humanos y cristianos. Texto completo de la homilía con las improvisaciones
Por Redacción
ROMA, 22 de septiembre de 2013 (Zenit.org) - A las 10 de la mañana el papa Francisco llegó a sagrario del santuario de Nuestra Señora de Bonaria. Después fueron los saludos de rito, entre los cuales el del alcalde de Cágliari recordó el culto común de la Virgen de Pompei en estas dos ciudades: Buenos Aires y Cerdeña. Y de la emigración que se registró desde la isla hacia Argentina.
Entonces el papa entró en el santuario y saludó a los cientos de enfermos y discapacitados que allí le esperaban, algunos en camilla. En la celebración de la misa, presidida por el santo padre y concelebrada por los obispos y muchos sacerdotes de la isla, el papa inició con una frase en idioma sardo:
'Sa paghe ‘e Nostru Segnore siat sempre chin bois'. (Gracias y que el Señor esté siempre con ustedes).
y prosiguió:
“Hoy se realiza este deseo que les había anunciado en la plaza de San Pedro, antes del verano, de poder visitar el Santuario de Nuestra Señora de Bonaria.
He venido para compartir con ustedes las alegrías y esperanzas, fatigas y empeños, ideales y aspiraciones de vuestra isla, y para confirmarles en la fe. También aquí en Cágliari como en toda Cerdeña, no faltan las dificultades,hay tantos,problemas y preocupaciones: pienso en particular a la falta de trabajo y a su precariedad, así como la incerteza por el futuro.
Cerdeña, esta vuestra bella región, sufre desde hace mucho tiempo muchas situaciones de pobreza, acentuadas por su condición insular. Es necesaria la colaboración leal por parte de todos, con el empeño de los responsables de las instituciones,también la Iglesia,para asegurar a las personas y a las familias los derechos fundamentales y hacer crecer una sociedad más fraterna y solidaria. Asegurar el derecho al trabajo para llevar el pan a casa ganado con el trabajo.
Les estoy cerca, les recuerdo en mis oraciones, y les doy coraje para que perseveren en el testimonio de los valores humanos y cristianos tan profundamente radicados en la fe y en la historia de este territorio y de su población. ¡Mantengan siempre encendida la luz de la esperanza!
He venido medio de ustedes para ponerme con ustedes a los pies de la Virgen que nos da a su hijo. Se bien que María, nuestra Madre está en vuestro corazón, como testimonia este Santuario en el cual muchas generaciones de sardos subieron y continuarán a subir, para invocar la protección de la 'Madonna di Bonaria', patrona Máxima de la Isla. Aquí ustedes traen sus alegrías y los sufrimientos de esta tierra, de sus familias y también de los hijos que viven lejos, que muchas veces debieron partir con gran dolor y nostalgia para buscar un trabajo y un futuro para sí y para sus seres queridos.
Hoy todos nosotros aquí reunidos queremos agradecer a María porque siempre nos está cerca, queremos renovar a ella nuestra confianza y nuestro amor.
La primera lectura que hemos escuchado nos muestra a María en oración en el Cenáculo, junto a los apóstoles, esperando la efusión del Espíritu Santo. María reza, reza junto a la comunidad y a los discípulos, y nos enseña a tener plena confianza en Dios, en su misericordia. ¡Esta es la potencia de la oración!
¡No nos cansemos de golpear a la puerta de Dios. Llevemos al corazón de Dios, a través de María, toda nuestra vida, cada día!
El en evangelio vemos sobre todo la última mirada de Jesús hacia su madre. Desde la cruz Jesús mira a su madre y le confía al apóstol Juan diciendo: 'Este es tu hijo'. En Juan estamos todos, también nosotros, y la mirada de amor de Jesús nos confía a la custodia materna de la Madre. María habrá recordado otra mirada de amor cuando era una joven: la mirada de Dios Padre que había mirado su humildad, su pequeñez. María nos enseña que Dios no nos abandona, puede hacer cosas grandes a pesar de nuestra debilidad. ¡Tengamos confianza en Él! Llamenos a la puerta de su corazón.
Y el tercer pensamiento: hoy he venido en medio de ustedes, más aún, hemos venido todos juntos para mirar hacia la mirada de María, porque allí está como que el reflejo de la mirada del Padre, que ha hizo Madre de Dios, y la mirada del Hijo desde la cruz, que la hizo Madre nuestra. Y con esa mirada hoy María nos mira, Necesitamos su mirada de ternura, de su mirada materna que nos conoce mejor que cualquier otro, de su mirada llena de compasión y de atención.
María, hoy queremos decirte: ¡Madre, danos tu mirada! Tu mirada nos lleva a Dios, tu mirada es un don del Padre bueno, que nos espera a cada giro de nuestro camino, es un don de Jesucristo en la cruz que carga sobre sí nuestros sufrimientos, nuestras fatigas, nuestro pecado. Y para encontrar a este Padre lleno de amor hoy le decimos: ¡Madre dónanos tu mirada!
Digámos todos juntos: Madre dónanos tu mirada, Madre dónanos tu mirada.
Pero en el camino que muchas veces es difícil, no estamos solos, somos muchos, somos un pueblo, y la mirada de la Virgen nos ayuda a mirarnos entre nosotros de manera fraterna. ¡Mirémonos de manera más fraterna! María nos enseña a tener aquella mirada que busca acoger, acompañar, proteger. ¡Aprendamos a mirarnos los unos a los otros bajo la mirada materna de María! Hay personas que consideramos instintivamente menos y que en cambio tienen más necesidad de nosotros: los más abandonados, los enfermos, los que no tienen de que vivir, los que no conocen a Jesús, los jóvenes que están en dificultad. Los jóvenes que no encuentran trabajo.
No tengamos miedo de salir y mirar a nuestros hermanos y hermanas con la mirada de la Virgen. Ella nos invita a ser verdaderos hermanos. Y no permitamos que algo o alguna cosa se interponga entre nosotros y la mirada de la Virgen. ¡Madre dónanos tu mirada!
Nadie nos lo esconda. Nuestro corazón de hijos sepa defenderlo de tantos charlatanes que prometen ilusiones; de quienes tienen una mirada ávida de vida fácil, de promesas que no se pueden cumplir. No nos roben la mirada de María que está lleno de ternura, que nos da fuerza y que nos vuelve solidarios entre nosotros.Todos digamos: ¡Madre, dónanos tu mirada!¡Madre, dónanos tu mirada! ¡Madre, dónanos tu mirada!
Y en sardo concluyó: Nostra Segnora ‘e Bonaria bos acumpanzet sempre in sa vida. (Nuestra Señora del Buen Aire les acompañe siempre en su vida)

El papa en Cerdeña a los trabajadores: un sistema que puso al centro el ídolo del dinero y no a la persona


Francisco improvisa un discurso en Cagliari: 'no quiero ser un funcionario que dice coraje'. Recuerda el problema en su familia y su país, les invita a luchar, a no dejarse robar la esperanza y a ser solidarios. E improvisa una oración pidiendo trabajo
Por H. Sergio Mora
ROMA, 22 de septiembre de 2013 (Zenit.org) - El papa en su visita apostólica en la ciudad italiana de Cagliari tuvo el primer encuentro a las nueve de la mañana con el mundo del trabajo, o sea trabajadores, autoridades, familias, teniendo como fondo de cuadro las dificultades causadas por la desocupación, el paro, agravado por la crisis económica que está pasando Europa.
Le dirigió sus palabras un señor jóven que desde hace cuatro años está desempleado y que recordó a dos de sus colegas que murieron en este período. 'Estamos aquí para rendirle homenaje y agradecerle por este coraje que nos trae'. Porque una sociedad que no da trabajo no es justa'. Y le pidió que como Moisés 'interceda para ayudar el grito de los desesperados'.
A continuación una empresaria joven indicó el itinerario de cooperativa social en la que trabajan más de cien empleados, con un sistema de democracia interna que valoriza las potencialidades de todos. 
Se escuchaba que muchos coreaban 'trabajo, trabajo, trabajo' (lavoro, lavoro, lavoro).
Un tercer isleño recordó la dificultad que tiene hoy la agricultura, sufriendo además una marginación social.
El papa inició su discurso: “Esta visita inicia aquí con ustedes, que componen el mundo de trabajo”. Y que “con este encuentro quiero sobre todo expresar mi cercanía, especialmente a las situaciones de sufrimiento: a tantos jóvenes desocupados, a las personas con subsidio de desempleo, precarios, empresarios, comerciantes, que tienen dificultad de ir adelante”. Recordó que conoció la problemática “debido a la experiencia que tuve en Argentina, por esto les dijo ¡Coraje!, debemos enfrentar con solidaridad e inteligencia este desafío histórico.
Y recordó: Yo no la conocí, pero mi papá fue a Argentina y sufrió la crisis de los años 30, perdió todo y yo escuché en mi infancia dentro de mi casa hablar de este sufrimiento, dijo.
Les quiero decir coraje pero soy conciente que tengo que hacer todo lo que pueda para que esta palabra no sea una linda palabra de pasaje. No sea solamente una sonrisa de un empleado de la Iglesia que les dice 'coraje', no esto no lo quiero, quiero que este coraje venga de adentro, como personas como hombres. Tenemos que enfrentar eso con solidaridad e inteligencia en esta emergencia histórica.
Esta es la segunda ciudad que visito en Italia pero ambas, fueron islas. En Lampedusa vi el sufrimiento de tanta gente que busca --arriesgando la vida-- dignidad, pan, salud. El mundo de los refugiados. Y he visto la respuesta de esa ciudad, que a pesar de ser isla no quiso aislarse, acoge y nos da un ejemplo.
Aquí también en esta segunda isla veo sufrimiento, por ver que roban la esperanza, sufrimiento por la falta de trabajo que lleva a sentirse sin dignidad, porque donde no hay trabajo falta la dignidad. Y este no es un problema solamente aquí aunque es fuerte, pero es la consecuencia de una elección a nivel mundial.
Es un sistema económico que tiene al centro un ídolo que se llama dinero. Dios quiso que el centro del mundo no sea un ídolo, sino el hombre y la mujer que lleven adelante con su trabajo. Este sistema sin ética, tiene un ídolo en en centro y se ha vuelto idólatra, manda el dinero, y todo lo que sirve a este ídolo.
Caen los ancianos, porque no dejan lugar en este mundo para ellos, porque existe la eutanasia escondida, porque no los curan y sufren los jóvenes. 
Vuestros gritos 'lavoro, lavoro, lavoro', es como una oración, para llevar el pan a casa. Se descarta a los jóvenes y a los ancianos. Nosotros tenemos que decir queremos un sistema justo. En el centro tienen que estar el hombre y las mujeres, y no el dinero.
Yo había escrito algunas cosas para ustedes, pero mirándolos me vinieron otras palabras. Dejaré al obispo lo que había escrito.
Es fácil decir 'no pierdan la esperanza' pero a quien tiene trabajo y a quien no, les digo 'no se dejen robar la esperanza'. Como soplando sobre las brasas para que el fuego vuelva. La esperanza la hacemos todos, tenemos que sostenerla entre todos. La esperanza es una cosa vuestra y nuestra. Por eso repito no se dejen robar la esperanza.
Pero seamos vivos, porque el Señor nos dice que los ídolos son más astutos que nosotros, el Señor nos invita a ser palomas más astutas que la serpiente. En este momento en nuestro sistema, luchemos para que en el centro de nuestra vida esté el hombre y la familia.
Quisiera terminar rezando en silencio con todos ustedes. Diré lo que me viene al corazón, ustedes en silencio recen conmigo.
“Señor Dios, míranos. Mira a esta ciudad y a esta isla, mira a nuestras familias. Señor a ti no ha faltado el trabajo, has hecho el carpintero y eras feliz, Señor nos falta el trabajo. Los ídolos quieren robarnos la dignidad, los sistemas injustos quieren robarnos la esperanza, Señor no nos dejes solos, ayúdanos a ayudarnos entre nosotros y que olvidemos un poco el egoísmo y centremos en el corazón el 'nosotros', nosotros el pueblo que quiere ira delante. Señor Jesús que no falte un trabajo, dadnos trabajo y enseñanos a luchar por el trabajo y bendícenos a todos nosotros. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Muchas gracias y recen por mí".

mercredi 18 septembre 2013

La catequesis del papa: «La Iglesia no cierra jamás las puertas y ofrece siempre el perdón»


Roma,  (Zenit.org) Francisco papa 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy vuelvo a la imagen de la Iglesia como madre. Me gusta mucho esta imagen de la Iglesia como madre. Es por eso que he querido volver a ella, porque me parece que esta imagen nos dice no sólo cómo es la Iglesia, sino también cuál es el rostro que debería tener cada vez más la Iglesia, nuestra Madre Iglesia.
Permítanme destacar tres cosas, siempre viendo a nuestras madres, a todo lo que hacen, cómo viven, lo que sufren por sus hijos, continuando con lo que dije el miércoles pasado. Me pregunto: ¿qué hace una madre?
1. En primer lugar, nos enseña a caminar por la vida, nos enseña a ir bien por la vida, sabe cómo orientar a los niños, busca siempre de mostrar el camino correcto en la vida para crecer y convertirse en adultos. Y lo hace con cariño, siempre con amor, incluso cuando trata de enderezar nuestro camino porque nos desviamos un poco en la vida o tomamos rumbos que conducen hacia un acantilado. Una madre sabe lo que es importante para que un niño camine bien en la vida, y no lo ha aprendido de los libros, sino que lo aprendió del propio corazón. ¡La Universidad de las madres es su propio corazón! Allí aprenden cómo sacar adelante a sus propios hijos.
La Iglesia hace lo mismo: orienta nuestra vida, nos da lecciones para caminar bien. Pensemos en los Diez Mandamientos: nos indican un camino que es necesario recorrer, para madurar, tener algunos puntos fijos en la forma en que nos comportamos. Y son el resultado de la ternura, del amor mismo de Dios, que nos lo ha donado. Ustedes me pueden decir: ¡pero son mandatos! Son un conjunto de ¡"no"!
Me gustaría invitarlos a leerlos --tal vez los han olvidado un poco--, y luego pensarlos en positivo. Verán que se relacionan con la forma en que nos comportamos en relación a Dios, con nosotros mismos y con los demás, justamente lo que nos enseña una madre para vivir bien. Nos invitan a no hacernos ídolos materiales que luego nos esclavizan, a recordarnos de Dios, a respetar a los padres, a ser honestos, a respetarnos unos a otros... Traten de verlos así, y considerarlos como si fueran las palabras, las enseñanzas que da la madre para ir bien en la vida. Una madre nunca enseña lo que es malo, lo único que quiere es el bien de los hijos, y así también lo hace la Iglesia.
2 . Me gustaría decirles una segunda cosa: cuando un niño crece, se convierte en un adulto, toma su camino, se asume sus responsabilidades, camina con sus piernas, hace lo que quiere y, a veces, también sucede que se sale del camino, ocurre algún accidente. La mamá siempre, en todas las situaciones, tiene la paciencia para seguir acompañando a sus hijos. Lo que la impulsa es el poder del amor; una madre sabe cómo seguir con discreción, con ternura el camino de los hijos, e incluso cuando se equivocan siempre encuentra la manera de entender, para estar cerca, para ayudar. Nosotros, en mi tierra, se dice que una madre sabe "dar la cara". ¿Qué quiere decir esto? Esto significa que una madre sabe "poner la cara" por los propios hijos, por lo que está lista a defenderlos siempre.
Pienso en las madres que sufren por sus hijos en la cárcel o en situaciones difíciles: no preguntan si son culpables o no, siguen amándolos aunque a menudo sufran la humillación, pero no tienen miedo, no dejan de entregarse.
La Iglesia es así, es una madre misericordiosa, que entiende, que siempre trata de ayudar, de alentar incluso a sus hijos que estaban equivocados; no cierra jamás las puertas de la casa; no juzga, sino que ofrece el perdón de Dios, ofrece su amor que invita a retomar el camino, incluso a aquellos hijos que han caído en un profundo abismo, la Iglesia no tiene miedo de entrar en su noche para darles esperanza; ¡la Iglesia no tiene miedo de entrar en nuestra noche, en la oscuridad del alma y de la conciencia, para darnos esperanza! ¡Porque la Iglesia es madre!
3 . Una última reflexión. Una madre sabe también pedir, tocar todas las puertas para sus hijos, sin calcular, y lo hace con amor. Y pienso en cómo las madres saben también, y por encima de todo ¡tocar a la puerta del corazón de Dios! Las madres rezan mucho por sus hijos, especialmente por los más débiles, por los que más lo necesitan, por los que en la vida han seguido caminos peligrosos o equivocados. Hace unas semanas, he celebrado en la iglesia de San Agustín, aquí en Roma, donde se conservan las reliquias de su madre, santa Mónica. ¡Cuántas oraciones ha elevado a Dios esa santa madre por su hijo, y cuántas lágrimas ha derramado! Pienso en ustedes, queridas madres: ¡cuánto rezan por sus hijos, sin cansarse! Contínuen orando, ¡a confiar a sus hijos a Dios: Él tiene un gran corazón! Llamen a la puerta del corazón de Dios con la oración por los niños.
Y lo mismo ocurre con la Iglesia: pone en las manos del Señor, con la oración, todas las situaciones de sus hijos. Confiamos en el poder de la oración de la Madre Iglesia: el Señor no permanece insensible. Siempre sabe cómo sorprendernos cuando menos lo esperamos. ¡La Madre Iglesia lo sabe!
Estos eran los pensamientos que quería decirles hoy: veamos en la Iglesia a una buena madre que nos muestra el camino a seguir en la vida, que sabe ser siempre paciente, compasiva, misericordiosa, y que sabe cómo ponernos en las manos de Dios.
Traducido del original italiano por José A. Varela V.

CONFIEMOS EN LA FUERZA DE LA ORACIÓN:

CONFIEMOS EN LA FUERZA DE LA ORACIÓN: EL SEÑOR NO PERMANECE INSENSIBLE. SABE SIEMPRE CÓMO SORPRENDERNOS CUANDO MENOS LO ESPERAMOS

Queridos amigos, en su catequesis de hoy, el Papa habló nuevamente de la Iglesia como madre. En el discurso del Papa es también un homenaje a todas las madres que enseñan a andar a sus hijos por el camino de la vida: 

Ciudad del Vaticano, 18 septiembre 2013 (VIS).- La Iglesia como madre, ha sido de nuevo el tema que ha elegido Francisco para la catequesis de la audiencia general de los miércoles. “Es una imagen- ha dicho- que me gusta mucho porque nos dice no sólo como es la Iglesia, sino cuál es el rostro que tendría que tener cada vez más la Iglesia, esta madre Iglesia nuestra”. 

Para explicar esa imagen, el Papa ha partido de lo que una madre hace por sus hijos. En primer lugar “nos enseña a caminar por la vida ...nos orienta, intenta siempre indicarnos el camino acertado para crecer y convertirse en adultos. Y lo hace con ternura, con afecto, con amor, siempre, incluso cuando se trata de enderezar nuestro camino porque nos perdemos o seguimos rumbos que nos llevan a un barranco”.

“La Iglesia hace lo mismo: orienta nuestra vida, nos enseña a andar bien. Pensad en los Diez Mandamientos: nos indican el camino que hay que recorrer para madurar, para tener algunos puntos cardinales en nuestro comportamiento. Y son fruto de la ternura, del amor de Dios, que nos los ha dado. Podréis decir: ¡pero son órdenes! ¡Son un conjunto de "no"! Me gustaría invitaros a leerlos...y luego a pensarlos en positivo .Os daréis cuenta de que tratan de la forma en que nos comportamos con Dios, con nosotros mismos y con los demás. Es justo lo que enseña una mamá para vivir bien... Nos invitan a que no fabriquemos ídolos materiales que luego nos esclavizan, a acordarnos de Dios , a respetar a nuestros padres, a ser honrados, a respetar a los demás ...Intentad verlos así, y consideradlos como si fueran las palabras, las enseñanzas que da una madre para ir bien por la vida. Una madre nunca enseña lo que es malo, lo único que quiere es el bien de los hijos, y eso es también lo que hace la Iglesia”.

En segundo lugar,“cuando un niño crece y se hace adulto..se asume sus responsabilidades..., hace lo que quiere y, a veces, se sale del camino. Pero la madre siempre, en todas las situaciones, tiene la paciencia de seguir acompañando a sus hijos. Lo que la impulsa es la fuerza del amor... e incluso cuando se equivocan, encuentra la manera de entender.. de ayudar. En mi tierra decimos que una madre sabe "dar la cara" por sus hijos, es decir, está dispuesta a defenderlos siempre”.

“La Iglesia es así, es una madre misericordiosa, que comprende, que trata siempre de ayudar, de alentar incluso a los hijos que se han equivocado y que se equivocan; no cierra nunca las puertas de casa; no juzga, sino que ofrece el perdón de Dios, ofrece su amor que invita a reanudar el camino, incluso a aquellos hijos que han caído en un profundo abismo; no tiene miedo de entrar en su noche para darles esperanza. Y la Iglesia no tiene miedo de entrar en nuestra noche cuando estamos en la oscuridad del alma y de la conciencia para darnos esperanza. ¡Porque la Iglesia es madre!.”

Por último, “una madre sabe también pedir, llamar a todas las puertas por sus hijos, sin cálculos, con amor. Y pienso en cómo las madres saben llamar -también y sobre todo- a la puerta del corazón de Dios ! Las madres rezan mucho por sus hijos, especialmente por los más necesitados... para los que en la vida han elegido sendas peligrosas o equivocadas. Lo mismo hace la Iglesia: pone en las manos del Señor, con la oración, todas las situaciones de sus hijos. Confiemos en la fuerza de la oración de la Madre Iglesia; el Señor no permanece insensible. Sabe siempre cómo sorprendernos cuando menos lo esperamos . ¡La Madre Iglesia lo sabe!”.

“Estos eran los pensamientos que hoy quería transmitiros - ha concluido Francisco- . Veamos en la Iglesia a una buena madre, que nos muestra el camino a seguir en la vida que sabe ser siempre paciente, misericordiosa, comprensiva, y sabe cómo ponernos en manos de Dios”.

El Papa en la Audiencia general: "La Iglesia como madre siempre acompaña a sus hijos"

El Papa en la Audiencia general: "La Iglesia como madre siempre acompaña a sus hijos"

mardi 17 septembre 2013

Obispos cubanos al gobierno de Castro: "Cuba está llamada a ser una sociedad plural"

Obispos cubanos al gobierno de Castro: "Cuba está llamada a ser una sociedad plural"

"NO SE PUEDE GOBERNAR AL PUEBLO SIN AMOR Y SIN HUMILDAD":



Humildad y amor son características indispensables para quien gobierna, mientras que los ciudadanos, sobre todo si son católicos, no pueden desinteresarse de la política: lo dijo el Papa Francisco la mañana del lunes durante la Misa en la Casa de Santa Marta, invitando también a rezar por las autoridades. 

El Evangelio del centurión que pide con humildad y confianza la curación del siervo y la carta de San Pablo a Timoteo con la invitación a rezar por los gobernantes, dieron el argumento al Pontífice para “reflexionar sobre el servicio de la autoridad”. Quien gobierna – afirmó Francisco – “debe amar a su pueblo”, porque “un gobernante que no ama, no puede gobernar: al máximo podrá disciplinar, poner un poco de orden, pero no gobernar”. El Santo Padre citó a David, “a cómo amaba a su pueblo”, tanto que después del pecado del censo pide al Señor que no castigue al pueblo sino a él.

Así, “las dos virtudes de un gobernante” son el amor por el pueblo y la humildad:
No se puede gobernar al pueblo sin amor y sin humildad. Y cada hombre, cada mujer que tiene que tomar posesión de un servicio público, debe hacerse estas dos preguntas: "¿Amo a mi pueblo para servirle mejor? ¿Soy humilde y oigo lo que dicen todos los otros, las diferentes opiniones para elegir el mejor camino? ". Si no se hace estas preguntas su gobierno no va a ser bueno. El hombre o la mujer gobernante - que ama a su pueblo, es un hombre o una mujer humilde.

Por otra parte, San Pablo exhorta a los gobernantes a elevar oraciones “por todos aquellos que están en el poder, para que podamos conducir una vida calma y tranquila”. Los ciudadanos- observó el Papa- no pueden desinteresarse de la política: Ninguno de nosotros puede decir: "Yo no tengo nada que ver con esto, son ellos los que gobiernan... No, no, yo soy responsable de su gobierno y tengo que hacer lo mejor, para que ellos gobiernen bien y tengo que hacer lo mejor por participar en la política como pueda." La política - dice la Doctrina Social de la Iglesia - es una de las formas más elevadas de la caridad, porque sirve al bien común. No puedo lavarme las manos, ¿eh? ¡Todos tenemos que dar algo!

Hay la costumbre – observó también el Pontífice – de solo hablar mal de los gobernantes y sobre las “cosas que no van bien”: “ves las noticias en la televisión y los apalean, apalean ; lees el periódico y lo mismo …. ¡siempre lo malo, siempre en contra!”. Quizás – continuó – “el gobernante, sí, es un pecador, como lo era David, pero yo debo colaborar con mi opinión, con mi palabra, también con mi corrección” porque “¡todos debemos participar al bien común!”. Y si “tantas veces hemos escuchado: que ‘un buen católico no se mezcla en política’, esto no es verdad, subrayó el Obispo de Roma, ese no es un buen camino”:

"Un buen católico no se inmiscuye en política". Eso no es cierto. Este no es un buen camino. Un buen católico debe entrometerse en política, dando lo mejor de sí, para que el gobernante pueda gobernar. Y ¿qué es lo mejor que podemos ofrecer a los gobernantes? ¡La oración! Eso es lo que dice Pablo: "La oración para todos los hombres y para el rey y para todos los que están en el poder". "Pero, Padre, aquella es una mala persona, debe ir al infierno...". "Reza por él, reza por ella, para que pueda gobernar bien, para que ame a su pueblo, para que sirva a su pueblo, para sea humilde" ¡Un cristiano que no reza por los gobernantes no es un buen cristiano! "Pero, Padre, cómo puedo orar por esta persona que no va ...". "Reza para que se convierta." Rezar. Y esto no lo digo yo, lo dice San Pablo, la Palabra de Dios”.

Por lo tanto – concluyó el Papa – “demos lo mejor de nosotros, ideas, sugerencias, lo mejor, pero sobre todo lo mejor está la oración. Oremos por los gobernantes, para que nos gobiernen bien, para que lleven a nuestra patria, a nuestra nación, y también al mundo adelante, para que existan la paz y el bien común”. (RC-RV)

Papa Francisco: "La Iglesia es como la viuda valiente que defiende a sus hijos"

Papa Francisco: "La Iglesia es como la viuda valiente que defiende a sus hijos"

la Iglesia es una madre valiente que lleva a sus hijos al encuentro con Jesús


Palabras conmovedoras del papa este martes en Santa Marta

La Iglesia tiene el coraje de una mujer que defiende a sus hijos para llevarlos al encuentro con su Esposo. Es lo que ha dicho la mañana del martes el papa Francisco en la misa celebrada en la Casa Santa Marta. El papa tomó el ejemplo del encuentro de Jesús con la viuda de Naim para hablar sobre la dimensión de la "viudez" de la Iglesia que, según dijo, camina en la historia buscando el encuentro con el Señor.
Jesús tiene la “capacidad de sufrir con nosotros, de estar cerca de nuestros sufrimientos y hacerlos suyos”. El papa Francesco ha desarollado su homilía a partir del encuentro de Jesús con la viuda de Naim, de la que habla el Evangelio de hoy. Jesús, dijo, "se compadeció" de esta viuda que había perdido a su hijo. Él, continuó, "sabía lo que significaba una mujer viuda en ese tiempo", y señala que "el Señor tiene un amor especial por las viudas, y las cuida". Leyendo este pasaje del Evangelio, dijo, "pienso también que 'esta viuda' es un icono de la Iglesia, porque también la Iglesia es en cierto sentido una viuda":
"El Esposo se ha ido y Ella camina en la historia con la esperanza de hallarlo, de encontrarse con Él. Y Ella será la esposa definitiva. Pero mientras tanto Ella, la Iglesia, ¡está sola! El Señor no está visible. Tiene una cierta dimensión de viudez... Me hace pensar en la viudez de la Iglesia. Esta Iglesia valiente, que defiende a sus hijos, como la viuda que iba donde el juez corrupto para defender, defender y finalmente ganó. ¡Nuestra Madre Iglesia es valiente! Tiene el coraje de una mujer que sabe que sus hijos son suyos, y debe defenderlos y llevarlos al encuentro con su Esposo".
El papa reflexionó sobre algunas figuras de viudas en la Biblia, en especial sobre la viuda macabea valiente con siete hijos que son martirizados por no renegar de Dios. La Biblia, subrayó, dice de esta mujer que hablaba a los hijos "en dialecto, en la primera lengua". Además --anotó, nuestra madre Iglesia nos habla en dialecto, en "aquel lenguaje de la verdadera ortodoxia que todos entendemos, aquella lengua del catecismo" que "nos da la fuerza para seguir adelante en la lucha contra el mal":
"Esta dimensión de la viudez de la Iglesia, que camina a través de la historia, con la esperanza de encontrar a su Esposo... ¡Nuestra Madre Iglesia es así! Es una Iglesia que, cuando es fiel, sabe llorar. Cuando la Iglesia no llora, algo no está bien. ¡Llora por sus hijos y ora! Una Iglesia que avanza y hace crecer a sus hijos, les da la fuerza y ​​los acompaña hasta la última despedida para dejarlos en las manos de su Esposo, y que al final también Ella encontrará. ¡Esta es nuestra Madre Iglesia! Lo veo en esta viuda que llora. ¿Y que le dice el Señor a la Iglesia? "No llores. Yo estoy contigo, yo te acompaño, yo te espero allá, en la boda, la última boda, aquella del cordero. ¡Deténte, este hijo tuyo que estaba muerto, ahora vive!".
Y esto, continuó, "es el diálogo del Señor con la Iglesia". Ella "defiende a los hijos, pero cuando ve que los hijos están muertos llora, y el Señor le dice: "Estoy contigo y tu hijo está conmigo". Como le dijo al muchacho en Naim que se levante de su lecho de muerte, añadió el papa, muchas veces Jesús también nos dice que nos levantemos "cuando estamos muertos por el pecado y vamos a pedir perdón". Y entonces, ¿qué hace Jesús “cuando nos perdona, cuando nos restituye la vida?": nos devuelve a nuestra madre:
"Nuestra reconciliación con Dios no se agota en el diálogo 'Tú, yo y el sacerdote que me da el perdón'; termina cuando Él nos restituye a nuestra madre. Allí termina la reconciliación, porque no hay un camino de vida, no hay perdón, no hay reconciliación fuera de la madre Iglesia. Y así, al ver a esta viuda, me vienen estas ideas así sueltas… Pero veo en esta viuda el ícono de la viudez de la Iglesia que está en camino para encontrar a su Esposo. Quiero pedirle al Señor la gracia de confiar siempre en esta 'mamá' que nos defiende, nos enseña, nos hace crecer y nos habla en dialecto".
Traducido y adaptado por José A. Varela de la versión italiana de Radio Vaticana

dimanche 15 septembre 2013

Solo con oración y las lágrimas se puede penetrar en el gran misterio de la Cruz

Durante la misa en Santa Marta recordó que Cristo se alzó en ella solo después de abajarse

El misterio de la Cruz es un gran misterio para los seres humanos, al cual solo puede aproximarse en la oración y en las lágrimas: esto es lo que ha dicho la mañana del sábado el papa durante la misa celebrada en Santa Marta, el día en que la Iglesia celebra la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz .
En el misterio de la Cruz --dijo el papa en la homilía--, encontramos la historia del hombre y la historia de Dios, sintetizados por los Padres de la Iglesia en la comparación entre el árbol del conocimiento del bien y del mal, en el Paraíso, y el árbol de la Cruz:
"Ese árbol había hecho tanto mal y este árbol nos lleva a la salvación, a la salud. Perdona aquel mal. Este es el camino de la historia del hombre: un camino para encontrar a Jesucristo, el Redentor, que da la vida por amor. En efecto, Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de Él. Este árbol de la Cruz nos salva, a todos nosotros, de las consecuencias de ese otro árbol, donde comenzó la autosuficiencia, el orgullo, la soberbia de querer conocer –nosotros--, todo, según nuestra mentalidad, de acuerdo con nuestros criterios, incluso de acuerdo a la presunción de ser y de llegar a ser los únicos jueces del mundo. Esta es la historia del hombre: desde un árbol a otro".
En la cruz está también "la historia de Dios" --dijo el papa Francisco-- "para que podamos decir que Dios tiene una historia”. Es un hecho que, "Dios ha querido asumir nuestra historia y caminar con nosotros": se ha abajado haciéndose hombre, mientras nosotros queremos alzarnos, y tomó la condición de siervo, haciéndose obediente hasta la muerte en la Cruz, para levantarnos:
"¡Dios hace este camino por amor! No hay otra explicación: solo el amor hace estas cosas. Hoy miramos la Cruz, historia del hombre e historia de Dios. Miremos esta Cruz, donde se puede probar aquella miel de aloe, aquella miel amarga, la dulzura amarga del sacrificio de Jesús. Pero este misterio es tan grande, que nosotros solos no somos capaces de ver bien este misterio, no tanto para entender --sí, entender..., sino sentir profundamente la salvación de este misterio. En primer lugar, el misterio de la Cruz. Solo se puede entender un poco de rodillas, en la oración, pero también a través de las lágrimas: son las lágrimas las que nos acercan a este misterio".
"Sin llorar, un llanto en el corazón –enfatizó Francisco--, no se podrá “jamás comprender este misterio". Y "el llanto del arrepentido, el llanto del hermano y de la hermana que ven tanta miseria humana" y la ven en Jesús, pero "de rodillas y llorando" y "nunca solos, nunca solos!".
"Para entrar en este misterio, que no es un laberinto pero se parece un poco, siempre tenemos necesidad de la Madre, de la mano de la mamá. Que ella, María, nos haga escuchar cuán grande y cuán humilde es este misterio; tan dulce como la miel y tan amargo como el aloe. Que sea ella la que nos acompañe en este viaje, no puede hacerlo nadie más que nosotros mismos. ¡Alguien debería hacerlo! Con la madre, llorando y de rodillas" .
Traducido y adaptado por José A. Varela del texto original de Radio Vaticana.