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dimanche 30 juin 2013

Lanzan un corto de dibujos animados sobre el Papa Francisco

Lanzan un corto de dibujos animados sobre el Papa Francisco

Jesús no quiere cristianos telecomandados


o,  (Zenit.org) Redacción 

El papa Francisco rezó el ángelus este domingo 30 de junio desde la ventana de su estudio que da hacia la plaza de San Pedro, en donde una multitud de fieles le esperaba.
Las palabras del papa. Lo escrito en cursiva son palabras improvisadas que no estaban en el texto oficial
¡Queridos hermanos y hermanas, buen día!
El evangelio de este domingo muestra un episodio muy importante en la vida de Cristo. El momento en el que -como escribe san Lucas- 'Jesús tomó la firme decisión de ponerse en camino hacia Jerusalén'. Jerusalén que es la meta fina en donde Jesús, en su última pascua tiene que morir para resucitar, y así llevar a cumplimiento su misión salvadora.
Desde ese momento, después de esa firme decisión, Jesús va derecho hacia la meta y a las personas que encuentra y que le indican que quieren seguirlo les indica claramente cuales son las condiciones: no tener una demora estable; saber desprenderse de los afectos familiares; no ceder a la nostalgia del pasado.
Pero Jesús le dice también a sus discípulos, encargados de anticiparlo en el camino de Jerusalén para anunciar que por allí iba a pasar, ¡qué no impusieran nada! si no encontrarán disponibilidad para acogerlo, se proceda y se vaya más adelante.
¡Jesús no impone nunca, Jesús es humilde, Jesús invita: si tu quieres ven. La humildad de Jesús es así, el nos invita siempre, no impone.
Todo esto nos hace pensar. Nos dice por ejemplo, la importancia que también para Jesús tuvo la conciencia: el escuchar en su corazón la voz del Padre y seguirla. Jesús en su existencia terrena no era por así decir 'telecomandado'. Era el Verbo Encarnado, el Hijo de Dios hecho hombre, y a un cierto punto tomó la firme decisión de ir a Jerusalén por última vez; una decisión tomada en su conciencia pero que no la tomó solo: junto al Padre, en plena unión con Él.  Decidió en obediencia al Padre, en escucha profunda, íntima de su voluntad. Y por esto la decisión era firme, porque tomada con el Padre. Y en el Padre encontraba la fuerza y la luz para su camino.
Y Jesús tenía libertad, en esa decisión era libre. Jesús a nosotros los cristianos nos quiere libres como Él. Con esa libertad que viene de ese diálogo con el Padre, de ese diálogo con Dios. Jesús no quiere ni cristianos egoístas que siguen el propio yo, que non hablan con Dios; ni cristianos débiles, cristianos que no tienen voluntad, cristianos telecomandados, incapaces de creatividad, que buscan siempre conectarse con la voluntad de otro, que no son libres. Jesús nos quiere libres y esa libertad ¿dónde se encuentra? se encuentra en el diálogo con Dios en la propia conciencia. Si un cristiano no sabe hablar con Dios, si no sabe sentir a Dios en su propia conciencia no es libre, no es libre. Por esto tenemos que aprender a escuchar más a nuestra conciencia.
¡Pero atención! Esto no significa seguir el propio yo, hacer lo que me interesa, lo que me conviene, lo que me gusta... No es esto. La conciencia es el espacio interior de escucha de la verdad, del bien, para escuchar a Dios. Es el lugar interior de mi relación con Él, que le habla a mi corazón y me ayuda a discernir, a entender el camino que debo recorrer. Y una vez tomada la decisión, de ir adelante y ser fiel.
Nosotros tuvimos un ejemplo maravilloso, de cómo es esta relación con Dios en la propia conciencia. Un reciente ejemplo maravilloso: el papa Benedicto XVI nos dio este ejemplo, cuando el Señor le hizo entender en la oración, cuál era el paso que debía realizar. Ha seguido con gran sentido, discernimiento y coraje, su conciencia, o sea la voluntad de Dios que le hablaba en su corazón. Y este ejemplo de nuestro padre nos hace tanto bien a todos nosotros. Es un ejemplo que hay que seguir.
La Virgen con gran simplicidad escuchaba y meditaba en su interior la palabra de Dios y lo que le sucedía a Jesús. Siguió a su Hijo con íntima convicción, con firme esperanza. Nos ayude María a volvernos cada vez más hombres y mujeres de conciencia, capaces de escuchar la voz de Dios y de seguirla con decisión".
Tras rezar el ángelus recordó que hoy en Italia se celebra la Jornada de la caridad del papa y saludó a los peregrinos, entre los cuales los que habían venido desde Madrid. 
Y concluyó con su ya famoso "¡Buon pranzo!"

samedi 29 juin 2013

PAPI ¿QUE SIGNIFICA SER POBRE?


Un padre económicamente acomodado, queriendo que su hijo supiera lo que es ser pobre, lo llevó para que pasara un par de días en el monte con una familia campesina. Pasaron tres días y dos noches en su vivienda del campo.

En el automóvil, retornando a la ciudad, el padre preguntó a su hijo:

- ¿Qué te pareció la experiencia?..

- Buena - contestó el hijo con la mirada puesta a la distancia.


- Y... ¿qué aprendiste? - insistió el padre...

El hijo contestó:

1.- Que nosotros tenemos un perro y ellos tienen cuatro.

2.- Nosotros tenemos una piscina con agua estancada que llega a la mitad del jardín... y ellos tienen un río sin fin, de agua cristalina, donde hay pececitos.

3.- Que nosotros importamos linternas del Oriente para alumbrar nuestro jardín...mientras que ellos se alumbran con las estrellas, la luna y velas sobre la mesa.

4.- Nuestro patio llega hasta la cerca.y el de ellos llega al horizonte.

5.- Que nosotros compramos nuestra comida;...ellos, siembran y cosechan la de ellos.

6.- Nosotros oímos CD's... Ellos escuchan una perpetua sinfonía de golondrinas, pericos, ranas, sapos, chicharras y otros animalitos....todo esto a veces dominado por el sonoro canto de un vecino que trabaja su monte.

7.- Nosotros cocinamos en estufa eléctrica... Ellos, todo lo que comen tiene ese sabor del fogón de leña.

8.- Para protegernos nosotros vivimos rodeados por un muro, con alarmas.... Ellos viven con sus puertas abiertas, protegidos por la amistad de sus vecinos.

9.- Nosotros vivimos conectados al teléfono móvil, al ordenador, al televisor... Ellos, en cambio, están "conectados" a la vida, al cielo, al sol, al agua, al verde del monte, a los animales, a sus siembras, a su familia.

El padre quedó impactado por la profundidad de su hijo...y entonces el hijo terminó:

- Gracias papá, por haberme enseñado lo pobres que somos!

Cada día estamos más pobres de espíritu y de apreciación por la naturaleza que son las grandes obras del Señor. Nos preocupamos por TENER, TENER, TENER y nos olvidamos del SER, SER, SER....

Solemnidad de los santos Apóstoles Pedro y Pablo

Hoy 29 de Junio el Papa Francisco ha presidido la celebración de la solemnidad de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, patronos principales de la Iglesia de Roma: «una fiesta que adquiere un tono de mayor alegría por la presencia de obispos de todo el mundo», «una gran riqueza que, en cierto modo, nos permite revivir el acontecimiento de Pentecostés: hoy, como entonces, la fe de la Iglesia habla en todas las lenguas y quiere unir a los pueblos en una sola familia» el Santo Padre destaca «tres ideas sobre el ministerio petrino, guiadas por el verbo «confirmar». ¿Qué está llamado a confirmar el Obispo de Roma?Ante todo, confirmar en la fe; confirmar en el amor y confirmar en la unidad».
Texto Completo de la Homilía del Papa Francisco durante la misa de la solemnidad de los santos Apóstoles Pedro y Pablo:
Señores cardenales, venerados hermanos en el episcopado y el sacerdocio, queridos hermanos y hermanas:
Celebramos la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, patronos principales de la Iglesia de Roma: una fiesta que adquiere un tono de mayor alegría por la presencia de obispos de todo el mundo. Es una gran riqueza que, en cierto modo, nos permite revivir el acontecimiento de Pentecostés: hoy, como entonces, la fe de la Iglesia habla en todas las lenguas y quiere unir a los pueblos en una sola familia. 

Saludo cordialmente y con gratitud a la delegación del Patriarcado de Constantinopla, guiada por el Metropolita Ioannis. Agradezco al Patriarca ecuménico Bartolomé I por este Nuevo gesto de fraternidad. Saludo a los señores embajadores y a las autoridades civiles. Un gracias especial al Thomanerchor, el coro de la Thomaskirche, de Lipsia, la iglesia de Bach, que anima la liturgia y que constituye una ulterior presencia ecuménica.
Tres ideas sobre el ministerio petrino, guiadas por el verbo «confirmar». ¿Qué está llamado a confirmar el Obispo de Roma?
1. Ante todo, confirmar en la fe. El Evangelio habla de la confesión de Pedro: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo» (Mt, 16,16), una confesión que no viene de él, sino del Padre celestial. Y, a raíz de esta confesión, Jesús le dice: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (v. 18). El papel, el servicio eclesial de Pedro tiene su en la confesión de fe en Jesús, el Hijo de Dios vivo, en virtud de una gracia donada de lo alto. En la segunda parte del Evangelio de hoy vemos el peligro de pensar de manera mundana. Cuando Jesús habla de su muerte y resurrección, del camino de Dios, que no se corresponde con el camino humano del poder, afloran en Pedro la carne y la sangre: «Se puso a increparlo: “¡Lejos de ti tal cosa, Señor!”» (16,22). Y Jesús tiene palabras duras con él: «Aléjate de mí, Satanás. Eres para mí piedra de tropiezo» (v. 23). Cuando dejamos que prevalezcan nuestras Ideas, nuestros sentimientos, la lógica del poder humano, y no nos dejamos instruir y guiar por la fe, por Dios, nos convertimos en piedras de tropiezo. La fe en Cristo es la luz de nuestra vida de cristianos y de ministros de la Iglesia.
2. Confirmar en el amor. En la Segunda Lectura hemos escuchado las palabras conmovedoras de san Pablo: «He luchado el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe» (2 Tm 4,7). ¿De qué combate se trata? No el de las armas humanas, que por desgracia todavía ensangrientan el mundo; sino el combate del martirio. San Pablo sólo tiene un arma: el mensaje de Cristo y la entrega de toda su vida por Cristo y por los demás. Y es precisamente su exponerse en primera persona, su dejarse consumar por el evangelio, el hacerse todo para todos, sin reservas, lo que lo ha hecho creíble y ha edificado la Iglesia. El Obispo de Roma está llamado a vivir y a confirmar en este amor a Jesús y a todos sin distinción, límites o barreras.

3. Confirmar en la unidad. Aquí me refiero al gesto que hemos realizado. El palio es símbolo de comunión con el Sucesor de Pedro, «principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de la fe y de la comunión» (Lumen gentium, 18). Y vuestra presencia hoy, queridos hermanos, es el signo de que la comunión de la Iglesia no significa uniformidad. El Vaticano II, refiriéndose a la estructura jerárquica de la Iglesia, afirma que el Señor «con estos apóstoles formó una especie de Colegio o grupo estable, y eligiendo de entre ellos a Pedro lo puso al frente de él» (ibíd. 19). Y prosigue: «Este Colegio, en cuanto compuesto de muchos, expresa la diversidad y la unidad del Pueblo de Dios» (ibíd. 22). La variedad en la Iglesia, que es una gran riqueza, se funde siempre en la armonía de la unidad, como un gran mosaico en el que las teselas se juntan para formar el único gran diseño de Dios. Y esto debe impulsar a superar siempre cualquier conflicto que hiere el cuerpo de la Iglesia. Unidos en las diferencias: éste es el camino de Jesús. El palio, siendo signo de la comunión con el Obispo de Roma, con la Iglesia universal, supone también para cada uno de vosotros el compromiso de ser instrumentos de comunión.
Confesar al Señor dejándose instruir por Dios; consumarse por amor de Cristo y de su evangelio; ser servidores de la unidad. Queridos hermanos en el episcopado, estas son las consignas que los santos apóstoles Pedro y Pablo confían a cada uno de nosotros, para que sean vividas por todo cristiano. Que la santa Madre de Dios nos guíe y acompañe siempre con su intercesión: Reina de los apóstoles, reza por nosotros. Amén.

vendredi 28 juin 2013

El Señor entra en nuestras vidas cuando Él lo quiere

En Santa Marta este viernes Francisco indica que debemos ser pacientes y tratar de ser irreprensibles

El Señor nos pide ser pacientes y sin mancha, caminando siempre en su presencia. Es cuanto ha afirmado este viernes en la mañana el papa Francisco durante la misa celebrada en la Casa Santa Marta. El santo padre subrayó que el Señor siempre escoge su propio modo para entrar en nuestra vida y esto requiere paciencia por nuestra parte, porque no siempre se deja ver por nosotros. Según informa Radio Vaticana, participó en la misa un grupo de empleados del Departamento de Salud e Higiene, acompañados por el director, doctor Patrizio Polisca.

Dios en nuestras vidas
El Señor entra de a pocos en la vida de Abraham, tiene 99 años cuando le promete un hijo. En cambio, entra inmediatamente en la vida del leproso: Jesús escucha su oración, lo toca y aquí está el milagro. Para su reflexión, Francisco ha partido de la primera lectura de hoy y del evangelio para indicar cómo el Señor decide involucrarse "en nuestras vidas, en la vida de su pueblo". Abraham y el leproso. "Cuando venga el Señor –dijo, no siempre lo hace de la misma manera. No existe un protocolo de la actuación de Dios en nuestra vida "," no existe ". Una vez, añadió, "lo hace de una manera, otra vez lo hace de otra”, pero siempre lo hace. "Siempre –insistió, se da este encuentro entre nosotros y el Señor":
"El Señor siempre escoge el modo de entrar en nuestra vida. Muchas veces lo hace tan lentamente, que estamos en peligro de perder un poco de paciencia, ‘Pero, Señor, ¿cuándo?’ Y oramos, oramos... Y no llega su intervención en nuestras vidas. Otras veces, cuando pensamos en lo que el Señor nos ha prometido, es tan grande que somos un poco incrédulos, un poco escépticos y como Abraham, un poco a escondidas, sonreímos... Dice esta primera lectura que Abraham escondió su cara y sonrió... Un poco de escepticismo: ‘Pero cómo yo, con cerca de cien años, tendré un hijo y mi mujer a los 90 años tendrá un hijo?’.
Los tiempos de Dios
El mismo escepticismo, recordó, lo tendrá Sarah, en la encina de Mambré, cuando los tres ángeles le dirán lo mismo a Abraham. "¿Cuántas veces nosotros, cu ando el Señor no acude –reflexionó, no hace el milagro, y no nos da lo que queremos que Él haga, nos volvemos o impacientes o escépticos":
"Pero no lo hace, a los escépticos no puede hacerlo. El Señor se toma su tiempo. Pero incluso Él, en esta relación con nosotros, tiene mucha paciencia. No solo nosotros debemos tener paciencia: ¡Él la tiene! ¡Él nos espera! ¡Él nos espera hasta el final de la vida! Pensemos en el buen ladrón, hasta el final, al final reconoció a Dios. El Señor camina con nosotros, pero muchas veces no se deja ver, como en el caso de los discípulos de Emaús. El Señor está involucrado en nuestras vidas, ¡esto es seguro!, pero muchas veces no lo vemos. Esto nos exige paciencia. Pero el Señor que camina con nosotros, Él también tiene mucha paciencia con nosotros".
El papa profundizó así, sobre "el misterio de la paciencia de Dios, que al caminar, camina a nuestro ritmo". A veces en la vida, constató, "las cosas se vuelven muy oscuras, hay tanta oscuridad allí, que queremos, si estamos en problemas, bajar de la cruz". Esto, dijo, "es el momento preciso: la noche es más oscura, cuando se aproxima la madrugada. Y siempre cuando nos bajamos de la cruz, lo hacemos cinco minutos antes de que llegue la liberación, en el momento más grande de la impaciencia".
"Jesús en la Cruz, sintió que lo desafiaban: ‘¡Baja, baja! ¡Ven!’. Paciencia hasta el final, porque Él tiene paciencia con nosotros. Él entra siempre, está involucrado con nosotros, pero lo hace a su manera y cuando Él piensa que es mejor. Solo nos dice lo que le dijo a Abraham: ‘Camina en mi presencia y sé perfecto', sé irreprensible, es la palabra correcta. Camina en mi presencia y trata de estar por encima de cualquier reproche. Este es el camino con el Señor y Él interviene, pero tenemos que esperar, esperar el momento, caminando siempre en su presencia y tratando de ser irreprensibles. Le pedimos esta gracia al Señor: caminar siempre en su presencia, tratando de ser irreprensibles”.

jeudi 27 juin 2013

¿Alegría superficial o continua vigilia fúnebre?

El papa alerta este jueves en Santa Marta del peligro de ser cristianos sin Cristo



Hay personas que "se hacen pasar por cristianos", y pecan o de superficialidad excesiva o de demasiada rigidez, olvidando que un verdadero cristiano es el hombre de la alegría, que apoya la fe sobre la roca de Cristo. Esta ha sido la idea básica del papa Francisco en la misa de esta mañana en la Casa Santa Marta. Con el santo padre ha concelebrado el cardenal arzobispo de Aparecida, Raimundo Damasceno Assis, junto con otros obispos. Según informa Radio Vaticana, asistió el personal de la Dirección de Salud e Higiene del Vaticano, acompañado por el doctor Patrizio Polisca.
Rígido y triste. O feliz, pero sin tener ni idea de la alegría cristiana. Hay dos "casos", en un modo opuesto, en que viven dos categorías de los creyentes, y que en ambos casos tienen un grave defecto: se basan en un cristianismo hecho de palabras, y no se basan en la "roca" de la Palabra de Cristo. Francisco identifica este doble grupo comentando el evangelio de Mateo de hoy, aquel famoso pasaje de las casas de arena y de piedra.

Cristianos de palabra
"En la historia de la Iglesia han habido dos clases de cristianos: los cristianos de las palabras, aquellos del Señor, Señor, Señor, y los cristianos de la acción, en la verdad. Siempre ha habido la tentación de vivir nuestro cristianismo fuera de la roca que es Cristo. El único que nos da la libertad de decir Padre a Dios es Cristo o la roca. Es el único que nos sostiene en los momentos difíciles, ¿no?
Como dijo Jesús: la lluvia cae, se desbordan los ríos, soplan los vientos, pero cuando se está en la roca es seguro, pero cuando son sólo palabras, las palabras se vuelan, no sirven. Pero permanece la tentación de estos cristianos de palabras, de un cristianismo sin Jesús, un cristianismo sin Cristo. Y esto ha sucedido y está sucediendo hoy en día en la Iglesia: ser cristianos sin Cristo".
El papa mira más de cerca a estos "cristianos de palabras", revelando sus características específicas. Hay un primer tipo, llamado ‘gnóstico’, “que en lugar de amar a la roca, le gustan las palabras hermosas", y por lo tanto vive flotando en la superficie de la vida cristiana. Y luego está la otra, que Francisco llama "pelagiano", que tiene un estilo de vida serio y almidonada. Cristianos, ironiza, que "miran al suelo":
"Y esta tentación existe hoy. Cristianos superficiales que creen, sí en Dios, en Cristo, pero demasiado ‘difuso’: no es Jesucristo el que le da fundamento. Son los gnósticos modernos. La tentación del gnostisimo. Un cristianismo "líquido".

Excesiva rigidez
Por otro lado, están los que creen que la vida cristiana debe ser tomada tan en serio que terminan por confundir solidez y firmeza, con rigidez. ¡Son rígidos! Estos creen que para ser cristiano se necesita estar de luto, siempre".
El hecho, dijo, es que de estos cristianos "hay muchos". Sin embargo, indica, "no son cristianos, se disfrazan como cristianos". "No saben –insiste-- quién es el Señor, no saben lo que es la roca, no tienen la libertad de los cristianos. Y, para decirlo de un modo simple, no tienen alegría":
"Los primeros tienen una cierta ‘alegría’ superficial. Los otros viven en una continua vigilia fúnebre, pero no saben lo que es la alegría cristiana. No saben cómo disfrutar de la vida que Jesús nos da, porque no saben hablar con Jesús. No se afirman sobre Jesús, con la firmeza que da la presencia de Jesús. Y no solo no tienen alegría: no tienen libertad. Son esclavos de la superficialidad, de esta vida generalizada, y estos son los esclavos de la rigidez, no son libres. En su vida, el Espíritu Santo no tiene cabida. ¡Es el Espíritu quien nos da la libertad! El Señor hoy nos invita a construir nuestra vida cristiana en Él, la roca, Aquel que nos da la libertad, que nos envía el Espíritu, que te hace ir adelante con alegría, en su camino, en sus propuestas".

mercredi 26 juin 2013

Audiencia general: "Nadie es inútil en la Iglesia, todos somos iguales"

Audiencia general: "Nadie es inútil en la Iglesia, todos somos iguales"

No estamos aislados, sino que somos el pueblo de Dios: ¡esta es la Iglesia!

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

(Audiencia general del 26 de junio de 2013) 

Hoy me gustaría hacer una breve referencia a una imagen más que nos ayuda a ilustrar el misterio de la Iglesia: la del templo (cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, 6.).

¿Qué nos hace pensar en la palabra templo? Nos hace pensar en un edificio, en una construcción de este tipo. En particular, la mente de muchos se dirige a la historia del pueblo de Israel narrada en el Antiguo Testamento. En Jerusalén, el gran templo de Salomón era el lugar del encuentro con Dios en la oración; en el interior del Templo estaba el Arca de la Alianza, signo de la presencia de Dios entre la gente; y en el Arca estaban las Tablas de la Ley, el maná y la vara de Aarón: un recordatorio de que Dios siempre había estado en la historia de su pueblo, que lo había acompañado durante el viaje, que había guiado sus pasos. El templo recuerda esta historia: también nosotros, cuando vamos al templo, debemos recordar esta historia, la historia de cada uno de nosotros, el modo en que Jesús me encontró, cómo Jesús anduvo conmigo, cómo Jesús me ama y me bendice.

Aquí, lo que fue prefigurado en el antiguo templo, se hace, por el poder del Espíritu Santo, en la Iglesia: la Iglesia es la "casa de Dios", el lugar de su presencia, donde podemos encontrar al Señor; la Iglesia es el templo en el que habita el Espíritu Santo que la anima, la guía y la sostiene. Si nos preguntamos: ¿dónde podemos encontrar a Dios? ¿Dónde podemos entrar en comunión con Él por medio de Cristo? ¿Dónde podemos encontrar la luz del Espíritu Santo para que ilumine nuestras vidas? La respuesta es: en el pueblo de Dios, en medio de nosotros, que somos la Iglesia. Aquí encontraremos a Jesús, al Espíritu Santo y al Padre.

El antiguo Templo fue construido por manos de hombres: se quería “dar una casa" a Dios, para tener un signo visible de su presencia en medio del pueblo. Con la encarnación del Hijo de Dios, se cumple la profecía de Natán al rey David (cf. 2 Sam. 7,1-29): no es el rey, no somos nosotros quienes "daremos una casa a Dios", sino que es el mismo Dios quien "construye su casa" para venir a habitar en medio de nosotros, como escribe san Juan en su evangelio (cf. 1,14). Cristo es el Templo viviente del Padre, y Cristo mismo edifica su "hogar espiritual", la Iglesia, no hecha de piedras materiales, sino de "piedras vivas" que somos nosotros. El apóstol Pablo dice a los cristianos de Éfeso: "Ustedes están edificados sobre los apóstoles y los profetas, que son los cimientos, mientras que la piedra angular es el mismo Jesucristo. En Él, todo el edificio, bien trabado, va creciendo para constituir un templo santo en el Señor. En Él, también ustedes son incorporados al edificio, para llegar a ser una morada de Dios en el Espíritu”. (Ef. 2,20-22).

¡Esto es algo hermoso! Somos las piedras vivas de Dios, profundamente unidos a Cristo, quien es la roca de apoyo, y también un apoyo entre nosotros. ¿Qué quiere decir esto? Esto significa que el templo somos nosotros, somos la Iglesia viva, el templo vivo, y cuando estamos juntos, entre nosotros está también el Espíritu Santo, que nos ayuda a crecer como Iglesia. No estamos aislados, sino que somos el pueblo de Dios: ¡esta es la Iglesia!

Y es el Espíritu Santo, con sus dones, que armoniza la variedad. Esto es importante: ¿qué hace el Espíritu Santo en medio de nosotros? Armoniza la variedad que es la riqueza de la Iglesia y une todo y a todos, a fin de constituir un templo espiritual, donde no ofrecemos sacrificios materiales, sino a nosotros mismos, nuestra vida (cf. 1 Pe. 2,4-5).

La Iglesia no es una mezcla de cosas e intereses, sino que es el templo del Espíritu Santo, el templo por medio del cual Dios obra, el templo del Espíritu Santo, el templo en el que cada uno de nosotros, con el don del bautismo, es una piedra viva. Esto nos dice que nadie es inútil en la Iglesia y si a veces, alguien le dice al otro: "Vete a tu casa, eres inútil", ¡esto no es cierto, porque nadie es inútil en la Iglesia, ¡todos somos necesarios para construir este templo! Nadie es secundario. Ninguno es el más importante en la Iglesia, todos somos iguales ante los ojos de Dios.

Alguno de ustedes podría decir: 'Fíjese, señor papa, usted no es igual a nosotros’. Sí, soy como ustedes, todos somos iguales, ¡somos hermanos! Nadie es anónimo: todos formamos y edificamos la Iglesia. Esto también nos invita a reflexionar sobre el hecho de que si faltara el ladrillo de nuestra vida cristiana, le falta algo a la belleza de la Iglesia. Algunas personas dicen: ‘No tengo nada que ver con la Iglesia’, por lo que cae el ladrillo de una vida en este hermoso templo. Nadie puede irse, todos tenemos que ofrecerle a la Iglesia nuestra vida, nuestro corazón, nuestro amor, nuestro pensamiento y nuestro trabajo: todo junto.

Así es que me gustaría que nos preguntemos: ¿cómo vivimos nuestro ser Iglesia? ¿Somos piedras vivas, o somos, por así decirlo, piedras cansadas, aburridas, indiferentes? ¿Han visto lo feo que es ver a un cristiano cansado, aburrido, indiferente? Un cristiano así no es bueno, el cristiano tiene que estar vivo, feliz de ser cristiano; debe vivir esta belleza de ser parte del pueblo de Dios que es la Iglesia. ¿Nos abrimos a la acción del Espíritu Santo para ser parte activa en nuestras comunidades, o nos cerramos en nosotros mismos, diciendo: "tengo tantas cosas que hacer, no es mi obligación”?

Que el Señor nos conceda a todos su gracia, su fuerza, para que estemos profundamente unidos a Cristo, que es la piedra angular, el pilar, la roca de apoyo de nuestra vida y de toda la vida de la Iglesia. Oremos para que, animados por su Espíritu, siempre seamos piedras vivas de su Iglesia.


Traducido del original italiano por José Antonio Varela V.

Que los sacerdotes vivan la "paternidad pastoral"



Dios quiere que los presbíteros vivan con plenitud la gracia especial de la "paternidad": aquella espiritual en relación a las personas que se les confían. Así lo afirmó Francisco en la misa diaria de este miércoles, celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta. Según informa Radio Vaticana, estaban presentes prelados y presbíteros que acompañaban al cardenal arzobispo emérito de Palermo, Salvatore De Giorgi, quien celebra hoy sesenta años de ordenación presbiteral, un hecho al que el papa se ha referido con palabras de gran estima.

El "deseo de la paternidad" está registrado en las fibras más profundas de un hombre. Y un presbítero, dijo el papa, no es una excepción, aún cuando su deseo esté orientado y vivido de manera particular:
"Cuando un hombre no tiene este deseo, algo falta en este hombre, algo ha pasado. Todos nosotros, para ser plenos, para ser maduros, tenemos que sentir la alegría de la paternidad: incluso nosostros los célibes. La paternidad es dar vida a los demás, dar vida, dar vida ... Para nosotros, será la paternidad pastoral, la paternidad espiritual: pero es dar vida, convertirse en padres".

Ser un padre
La reflexión la ofreció el santo padre del pasaje de hoy del Génesis, donde Dios promete al viejo Abraham la alegría de un hijo, junto con una descendencia, inmensa como las estrellas del cielo. Para sellar este pacto, Abraham sigue las instrucciones de Dios y dispone un sacrificio de animales, que luego defendió del ataque de las aves de rapiña. "Me conmueve –confesó el papa--, ver a este nonagenario con un bastón en la mano", que defiende su sacrificio. "Me hace pensar en un padre cuando defiende la familia, a los niños":
"Un padre que sabe lo que significa proteger a sus hijos. Y esta es una gracia que nosotros los presbíteros debemos pedir: ser padres, ser padres. La gracia de la paternidad, de la paternidad pastoral, de la paternidad espiritual. Tendremos muchos pecados, pero esto es decommune sanctorum: todos tenemos pecados. Pero no tener hijos, no convertirse en un padre, es como si la vida no llegara al final: se detiene a mitad de camino. Es por eso que tenemos que ser padres. Pero es una gracia que el Señor nos da. La gente nos llama: "Padre, padre, padre ...". Se necesita que sea así, padres, con la gracia de la paternidad pastoral".

Dar frutos
En este punto, la mirada de Francisco se dirigió con afecto al cardenal Salvador De Giorgi, por su sexagésimo aniversario de ordenación presbiteral. "No sé lo que hizo Ud. querido Salvador", pero "estoy seguro de que ha sido un padre". "Y esta es una señal", dijo, dirigiéndose a los muchos presbíteros que acompañaban al cardenal. Ahora les toca a ustedes, fue la exhortación final y añadió: “todo árbol da fruto por sí mismo, y si es bueno, los frutos deben ser buenos, ¿verdad?". Por eso, añadió con simpatía, "no queden mal..."
"Damos gracias a Dios por esta gracia de la paternidad en la Iglesia, que va de padres a hijos, y así... Y pienso finalmente, en estos dos iconos y aún uno más: el icono de Abraham, que le pide un hijo; luego el icono de Abraham con el bastón en la mano, defendiendo la familia, y el icono del anciano Simeón en el templo, cuando recibe la vida nueva: hace una liturgia espontánea, la liturgia de la alegría, hacia Él. Y también a ustedes, que el Señor le de hoy mucha alegría".


Traducido por José Antonio Varela V.

mardi 25 juin 2013

"La certeza del cristiano es que Dios nunca nos deja solos"

Francisco este martes en Santa Marta invitó a seguir "adelante con la confianza de que es Él que me llama³"

Ser cristiano es un llamado de amor, una llamada a ser hijos de Dios. Es lo que ha señalado el papa Francisco este martes durante la misa diaria celebrada en la Casa Santa Marta. Nos ha recordado que la certeza del cristiano es que Dios nunca nos deja solos y nos invita a seguir adelante, incluso en medio de los problemas.
Según informa Radio Vaticana, la misa, concelebrada por los cardenales Camillo Ruini, presidente del Comité Científico de la Fundación Joseph Ratzinger y Robert Sarah, presidente del Pontificio Consejo “Cor Unum”, así como por monseñor Ignacio Carrasco de Paula, presidente de la Academia Pontificia por la Vida, contó con la presencia de un grupo de empleados de ambos dicasterios y de un grupo de colaboradores del Observatorio Vaticano, acompañados por el director, José Gabriel Funes.
Todos son llamados
El santo padre centró su homilía en la primera lectura, tomada del libro del Génesis, que habla de la discusión entre Abraham y Lot por la división de la tierra. "Cuando leo esto --dijo-- pienso en el Medio Oriente y le pido tanto al Señor que nos dé a todos la sabiduría, esta sabiduría de no a pelear, ‘yo estoy aquí y tú allí'".
Abraham, observó el papa "había dejado su tierra para ir, no sabía dónde, pero donde el Señor le dijera". Sigue caminando, entonces, porque cree en la Palabra de Dios, que "lo había invitado a salir de su tierra". Este hombre, quizá nonagenario, mira la tierra que le indica el Señor y cree:
"Abraham parte de su tierra con una promesa: todo su viaje es ir hacia esta promesa. Y su recorrido es también un modelo de nuestro viaje. Dios llama a Abraham, a una persona, y de esa persona hace un pueblo. Si vamos al libro del Génesis, al principio, a la Creación, vemos que Dios crea las estrellas, crea las plantas, los animales, los crea, crea, crea... Pero crea al hombre en singular, uno. Dios siempre nos habla en singular a nosotros, porque nos ha creado a su imagen y semejanza. Y Dios habla en singular. Habló a Abraham y le dio una promesa y lo invitó a salir de su tierra. Como cristianos, estamos llamados en lo singular: ¡ninguno de nosotros es cristiano por pura casualidad! ¡Nadie!".
Dios es fiel
Hay una llamada "por el nombre, con una promesa", dijo el papa: "¡Adelante, yo estoy contigo! Camino a tu lado". Y esto, dijo, lo conocía Jesús: "Incluso en las momentos más difíciles se dirige al Padre":
"Dios nos acompaña, Dios nos llama por nuestro nombre, Dios nos promete una descendencia. Y esta es un poco la seguridad del cristiano. ¡No es una casualidad, es una llamada! Una llamada que nos hace seguir adelante. Ser cristiano es un llamado de amor, de amistad; una llamada a convertirse en hijo de Dios, hermano de Jesús; a ser fecundo en la transmisión de esta llamada a los demás, a ser instrumentos de esta llamada. Hay tantos problemas, hay momentos difíciles: ¡Jesús ha pasado por tantos! Pero siempre con esa confianza: "El Señor me ha llamado. El Señor es como yo. El Señor me ha prometido".
Dios, reiteró el papa, "es fiel, pues Él nunca puede renegar de sí mismo: Él es la lealtad". Y pensando en esta pasaje donde Abraham "es ungido como padre, por primera vez, padre de los pueblos, pensamos también en nosotros que hemos sido ungidos en el Bautismo, y pensamos en nuestra vida cristiana":
"... Alguien dirá: ‘Padre, soy un pecador’... Pero todos lo somos. Esto se sabe. El asunto es: pecadores, seguir adelante con el Señor, seguir adelante con la promesa que nos ha hecho, con aquella promesa de fecundidad y decirle a los demás, contarle a los demás que el Señor está con nosotros, que el Señor nos ha escogido y que Él no nos deja solos, ¡nunca! La certeza del cristiano nos hará bien. Quiera el Señor darnos, a todos nosotros, este deseo de ir hacia adelante, como lo tuvo Abraham, en medio de los problemas; pero seguir adelante con la confianza de que Él es el que me llamó, que me prometió tantas cosas bellas, ¡está conmigo!".
Traducido por José Antonio Varela V.

La Iglesia está para proclamar la palabra de Dios hasta el martirio

El papa Francisco este lunes en Santa Marta invitó a ser una Iglesia que nunca tome nada para sí misma

Al igual que san Juan, la Iglesia está llamada a proclamar la Palabra de Dios, hasta el martirio. Es lo que ha subrayado este lunes el papa Francisco en la misa celebrada en la Casa Santa Marta, durante la solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista. El papa insistió que la Iglesia nunca debe tomar nada para sí misma, sino estar siempre al servicio del evangelio. Radio Vaticana informó que la misa fue concelebrada entre otros, por el cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Pontificio Consejo de la Cultura, acompañado de un grupo de presbíteros y colaboradores de dicho dicasterio a su cargo, al que se sumó otro grupo a su cargo de la Pontificia Comisión de Arqueología Sacra. También participaron empleados de la Oficina Filatélica y Numismática Vaticana.

Ser voz en el desierto
El día en que la Iglesia celebra el nacimiento de san Juan Bautista, el papa Francisco inició su homilía felicitando a todos los que llevan el nombre de Juan. La figura de Juan el Bautista, dijo, no siempre es fácil de entender. "Cuando pensamos en su vida –observó--, él es un profeta", un "gran hombre que luego termina como un hombre pobre". ¿Quién es por lo tanto Juan? Él mismo, añadió, lo explica: "Yo soy una voz, una voz en el desierto", pero "es una voz sin la Palabra, porque la Palabra no es Él, es Otro". He aquí, pues lo que es el misterio de Juan: "Nunca se apodera de la Palabra", Juan "es el que significa, el que señala". El "sentido de la vida de Juan es indicar a otro". Francisco confió cómo le llama la atención que la "Iglesia elija para la fiesta de Juan", un periodo en que los días son los más largos del año, "que tienen más luz". Y realmente Juan "era el hombre de la luz, llevaba la luz, pero no era su propia luz, era una luz reflejada". Juan es "como una luna", y cuando Jesús comenzó a predicar, la luz de Juan "comenzó a declinar". "Voz, no Palabra –afirmó--, luz, pero no propia":
"Juan parece ser nada. Esa es la vocación de Juan: desaparecer. Y cuando contemplamos la vida de este hombre, tan grande, tan poderoso --todos creían que él era el Mesías--, cuando contemplamos esta vida, cómo desaparecía hasta llegar a la oscuridad de una prisión, contemplamos un gran misterio. No sabemos cómo fueron los últimos días de Juan. No lo sabemos. Sólo sabemos que fue asesinado, su cabeza en una bandeja, como el gran regalo de una bailarina a una adúltera. Creo que no se puede ir más abajo,desaparecer… Ese fue el final de Juan".

No apropiarse de la Verdad 
En la cárcel, continuó, Juan tiene dudas, tenía una angustia y había llamado a sus discípulos para que vayan donde Jesús a preguntarle: "¿Eres Tú, o debemos esperar a otro?". Este fue "justamente la oscuridad, el dolor de su vida". Ni siquiera de esto “se salvó Juan", continuó el papa: "la figura de Juan me hace pensar mucho en la Iglesia":
"La Iglesia existe para anunciar, para ser la voz de la Palabra, de su esposo, que es la Palabra. Y la Iglesia existe para anunciar esta Palabra hasta el martirio. Martirio precisamente en las manos de los soberbios, de los más soberbios de la Tierra. Juan podía volverse importante, podía decir algo acerca de sí mismo. ‘Pero yo nunca cuento’ sino solamente esto: indicaba, se sentía la voz, no la Palabra. Es el secreto de Juan. ¿Por qué Juan es santo y sin pecado? Por que nunca tomó una verdad como propia. No ha querido volverse un ideólogo. Es el hombre que se negó a sí mismo, para que la Palabra crezca. Y nosotros, como Iglesia, podemos pedir hoy la gracia de no convertirnos en una Iglesia ideologizada...".
La Iglesia, añadió, debe escuchar la Palabra de Jesús y hacerse su voz, proclamarla con coraje. "Esta es una Iglesia sin ideologías, sin vida propia: la Iglesia que es el mysterium lunae, que tiene la luz de su Esposo y debe disminuir, para que Él crezca".
"Este es el modelo que Juan nos ofrece hoy, para nosotros y para la Iglesia. Una Iglesia que esté siempre al servicio de la Palabra. Una Iglesia que nunca tome nada para sí misma. Hoy en la oración hemos pedido la gracia de la alegría, le hemos pedido al Señor animar esta Iglesia en el servicio a la Palabra, de ser la voz de esta Palabra, predicar esta Palabra.
Pidamos la gracia de imitar a Juan, sin ideas propias, sin un Evangelio tomado como propiedad, sino solamente una Iglesia-voz que señala la Palabra, y esto hasta el martirio".
Traducido por José Antonio Varela V.

dimanche 23 juin 2013

Francisco invita a un niño a subir al papamóvil y sentarse en asiento del Papa

Francisco invita a un niño a subir al papamóvil y sentarse en asiento del Papa

"Jóvenes: ¡sean valientes y vayan contracorriente!"

Llamado del papa durante el rezo del Ángelus

Sor Evelyne saludando al Papa Francisco 
Este domingo al mediodía, el papa Francisco se asomó a la ventana del Palacio Apóstolico Vaticano para rezar el Ángelus con los fieles.
Ante la Plaza de San Pedro, visitada por una gran cantidad de peregrinos, el santo padre resaltó la vida de los mártires en la Iglesia, sea quienes dan la vida por el evangelio, como quienes lo hacen en el "martirio de la cotidianidad".
Ofrecemos a nuestros lectores el texto del papa.
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¡Queridos hermanos y hermanas!
En el evangelio de este domingo resuena una de las palabras más incisivas de Jesús: "El que quiera salvar su vida la perderá, pero quien pierda su vida por mi causa, la salvará" (Lc. 9,24).
He aquí un resumen del mensaje de Cristo, y se expresa en una paradoja muy eficaz, que nos hace conocer su forma de hablar, casi nos hace sentir su voz ...
Pero ¿qué significa "perder la vida por la causa de Jesús"? Esto puede suceder de dos maneras: ya sea explícitamente confesando la fe, o defendiendo implícitamente la verdad. Los mártires son el mejor ejemplo de perder la vida por Cristo. En dos mil años, son una legión inmensa los hombres y las mujeres que sacrificaron su vida para permanecer fieles a Jesucristo y al evangelio.
Y hoy en día, en muchas partes del mundo, hay muchos, más que en los primeros siglos, muchos mártires que dan su vida por Cristo, que son llevados a la muerte por no renegar de Jesucristo. Esta es nuestra Iglesia. ¡Hoy tenemos más mártires que en los primeros siglos!
Pero también existe el martirio cotidiano, que no implica la muerte pero eso también es un "perder la vida" por Cristo, cumpliendo con su deber con amor, según la lógica de Jesús, la lógica del don y sacrificio. ¡Pensemos en la cantidad de papás y mamás que cada día ponen en práctica su fe, ofreciendo concretamente la propia vida por el bien de la familia! ¡Pensemos en todos ellos! ¿Cuántos sacerdotes, frailes y religiosas desarrollan con generosidad su servicio por el Reino de Dios? ¿Cuántos jóvenes renuncian a sus propios intereses para dedicarse a los niños, a los discapacitados, a los ancianos..?. ¡Estos también son mártires! ¡Mártires cotidianos, mártires de la vida cotidiana!
Y luego hay tanta gente, cristianos y no cristianos, que "pierden la propia vida" por la verdad. Y Cristo dijo: "Yo soy la verdad", por lo tanto, quien sirve a la verdad sirve a Cristo.
Una de estas personas, que dio su vida por la verdad, es Juan el Bautista: propiamente mañana, 24 de junio, es una gran fiesta, la solemnidad de su nacimiento. Juan fue elegido por Dios para preparar el camino delante de Jesús, y lo ha presentado al pueblo de Israel como el Mesías, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (cf. Jn. 1,29). Juan se dedicó por completo a Dios y a su enviado, Jesús.
Pero al final ¿qué fue lo que pasó? Murió por la causa de la verdad, cuando denunció el adulterio de Herodes y Herodías. ¡Cuántas personas pagan un alto precio por su compromiso con la verdad! ¡Cuántos hombres justos prefieren ir contra la corriente, para no negar la voz de la conciencia, la voz de la verdad! ¡Personas rectas, que no tienen miedo de ir contracorriente! Y nosotros, ¡no debemos tener miedo!
Y a ustedes jóvenes, les digo: No tengan miedo de ir contracorriente, cuando les quieran robar la esperanza, cuando les propongan esos valores dañados, que son como una comida descompuesta, y cuando una comida está descompuesta nos hace mal; estos valores nos hacen mal. ¡Debemos ir contracorriente! Y ustedes jóvenes, sean los primeros: vayan contra la corriente tengan esa altura de ir contra la corriente, ¡Adelante, sean valientes y vayan contracorriente! ¡Y siéntanse orgullosos de hacerlo!
Queridos amigos, acojamos con alegría esta palabra de Jesús. Es una regla de vida propuesta a todos. Y que san Juan Bautista nos ayude a ponerla en práctica. En este camino nos precede, como siempre, nuestra Madre, la Santísima Virgen María: ella ha perdido su vida por Jesús, hasta la Cruz, y lo recibió en plenitud, con toda la luz y la belleza de la Resurrección. Que María nos ayude a hacer siempre nuestra la lógica del evangelio.
Recuerden bien: ¡No tengan miedo de ir contra la corriente! ¡Sean valientes! Y así, como no queremos comer una comida en mal estado, no carguemos con nosotros estos valores que están deteriorados y que arruinan la vida, y que quitan la esperanza. ¡Vamos adelante!
Traducido por José Antonio Varela V.

samedi 22 juin 2013

Las riquezas ahogan las promesas de Dios

El papa reflexionó en la misa diaria del sábado sobre la Parábola del Sembrador
Por Redacción
ROMA, 22 de junio de 2013 (Zenit.org) - 

Las riquezas y los afanes del mundo "ahogan la Palabra de Dios". Es lo que ha afirmado esta mañana el papa Francisco en la misa de esta mañana en la Casa Santa Marta. El papa señaló que nuestra vida está afirmada sobre tres pilares: elección, alianza y promesa, y aseguró que hay que confiar en el Padre al vivir el presente, sin preocuparse por lo que va a suceder. Según informa radio Vaticana, en la misa concelebrada entre otros, por el obispo de Santa Clara en Cuba, monseñor Arturo González, participó un grupo de empleados de los Museos Vaticanos.

Un solo Señor
"Nadie puede servir a dos señores". El santo padre ha desarrollado su homilía a partir de las palabras de Jesús que, en el evangelio de hoy, se centra en el tema de las riquezas y de las preocupaciones. Jesús, dijo el papa, tiene "una idea clara acerca de esto": son "las riquezas y los afanes del mundo" los que ahogan la Palabra de Dios, son estas las espinas que ahogan la semilla que cayó en la tierra, de las que nos habla la Parábola del Sembrador:
"Las riquezas y los cuidados del mundo –explicó--, ahogan la Palabra de Dios y no la dejan crecer. Y la Palabra muere, porque no es conservada: es ahogada. En este caso, o se sirve a la riqueza o se sirve a las preocupaciones, pero no se sirve a la Palabra de Dios. Y esto también tiene un sentido temporal, porque la Palabra es un poco construida en el tiempo ¿no? No se preocupen por el día siguiente, de lo que harás mañana... También la Parábola del Sembrador es construida en el tiempo: siembra, después viene la lluvia y crece. ¿Qué hace en nosotros, qué hacen las riquezas y que cosa hacen las preocupaciones? Simplemente te quitan el tiempo".

Los tres pilares del hombre
Toda nuestra vida, continuó el papa, está basada en tres pilares: uno en el pasado, uno en el presente y otro en el futuro. El pilar del pasado, explicó, "es el de la elección del Señor". Cada uno de nosotros puede decir, efectivamente,  que el Señor "me ha elegido, me ha amado", "me ha dicho 'ven'" y con el Bautismo "me eligió para ir por un camino, el camino cristiano". El futuro, por el contrario, significa "caminar hacia una promesa", el Señor "nos ha hecho una promesa". El presente entonces, "es nuestra respuesta a este Dios tan bueno que me eligió". Y observó también: "Hace promesa, me propone una alianza y yo hago una alianza con Él". Por lo tanto, estos son los tres pilares: "elección, alianza y promesa":
"Los tres pilares de toda la historia de la Salvación. Pero cuando nuestro corazón entra en esto que nos dice Jesús, se reduce el tiempo: reduce el pasado, el futuro, y se funde en el presente. Y a aquello que está unido a las riquezas, no le importa el pasado o el futuro, tiene todo allí. La riqueza es un ídolo. No tiene necesidad de un pasado, de una promesa, de una elección: nada. Lo que me preocupa acerca de lo que puede pasar, corta su relación con el futuro. ‘¿Pero, puede durar esto?’, entonces el futuro se vuelve futurista, que no te orienta a ninguna promesa: permanece confuso, queda solo".

Hacia la promesa futura
Por esta razón, añadió Francisco, Jesús nos dice que, o se sigue el Reino de Dios o sino a las riquezas y a las preocupaciones mundanas. En el Bautismo, continuó, "somos elegidos en el amor" por Él, tenemos un "Padre que nos puso en camino". Y así, "el futuro también es alegre", porque "caminamos hacia una promesa". El Señor "es fiel, Él no defrauda", y por lo tanto estamos llamados a hacer "lo que podemos", sin decepción, “sin olvidar que tenemos un Padre en el pasado que nos ha elegido". Las riquezas y las preocupaciones, advirtió, son las dos cosas que "nos hacen olvidar nuestro pasado", que nos hacen vivir como si no tuviéramos un Padre. Y también nuestro presente "es un presente que no va":
"Olvidar el pasado, no aceptar el presente, desfigurar el futuro: esto es lo que hacen las riquezas y las preocupaciones. El Señor nos dice: '¡Pero, no te preocupes! Busquen el Reino de Dios y su justicia, todo lo demás vendrá'. Pidamos al Señor la gracia de no equivocarnos con las preocupaciones, con la idolatría de la riqueza y siempre tener memoria de que tenemos un Padre que nos ha elegido, recordar que este Padre nos promete algo bueno, que es caminar hacia aquella promesa y tener el valor de tomar el presente como viene. ¡Pidamos esta gracia al Señor!".
Traducido por José Antonio Varela V.

vendredi 21 juin 2013

"Nunca vi un camión de mudanza detrás de un cortejo fúnebre"

Reflexión del papa en la misa diaria acerca de no acumular riquezas en la tierra
Por Redacción
ROMA, 21 de junio de 2013 (Zenit.org) -

Pedir a Dios la gracia de un corazón que sepa amar y no se deje desviar por tesoros inútiles. Es la sustancia de la homilía dicha esta mañana por el papa Francisco en la Casa Santa Marta, durante la misa concelebrada con el cardenal Francisco Coccopalmerio, el obispo Juan Ignacio Arrieta y el auxiliar José Aparecido Gonzalves de Almeida, presidente, secretario y subsecretario del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, respectivamente, acompañados por algunos de los empleados del dicasterio. Estaba presente también el personal de la Fábrica (Taller ndr) de la Basílica de San Juan de Letrán, guiados por monseñor Santiago Ceretto, así como los empleados de la "Domus Sanctae Marthae".

Atesorar en el cielo
La lucha por el único tesoro que se puede llevar consigo más allá de la vida es la razón de ser de un cristiano. Es la razón de ser que Jesús explica a los discípulos, en el pasaje que se lee hoy en el evangelio de Mateo: "Allí donde está tu tesoro, también estará tu corazón". El problema, explica el papa Francisco, está en el no confundir las riquezas. Hay “tesoros riesgosos” que seducen “pero que debemos abandonar”, aquellos acumulados durante la vida y que la muerte destruye. Observa con un toque de ironía el papa: "Nunca he visto un camión de mudanza detrás de un cortejo fúnebre, nunca". Pero sí hay un tesoro que "podemos llevar con nosotros", un tesoro que nadie nos puede robar, que no es –dice--, "lo que has estado guardando para ti", sino "lo que has dado a los demás":

"Aquel tesoro que hemos dado a los demás, eso es lo que llevamos. Y eso va a ser nuestro mérito, entre comillas, ¡pero es nuestro ‘mérito’ de Jesucristo en nosotros! Y eso es lo que tenemos que llevar. Y es aquello que el Señor nos deja llevar. El amor, la caridad, el servicio, la paciencia, la bondad, la ternura son hermosos tesoros: son los que llevamos. Los otros no".
Por lo tanto, como afirma el evangelio, el tesoro que vale a los ojos de Dios es el que ya se ha acumulado desde la tierra en el cielo. Pero Jesús, subraya el papa Francisco, va un paso más allá: une el tesoro al "corazón", crea una "relación" entre los dos términos. Esto --añade, porque el nuestro "es un corazón inquieto", que el Señor "ha hecho así para buscarlo a Él":

"El Señor nos ha hecho inquietos para encontrarlo, para crecer. Pero si nuestro tesoro es un tesoro que no está cerca al Señor, que no es del Señor, nuestro corazón se inquieta por las cosas que no van, por esos tesoros... Así que mucha gente, incluso nosotros andamos inquietos ... Para tener esto, para obtener aquello, al final nuestro corazón se cansa, nunca está satisfecho: se cansa, se vuelve perezoso, se convierte en un corazón sin amor. El cansancio del corazón. Pensemos en eso. Yo qué cosa tengo: un corazón cansado que solo quiere acomodarse, ¿tres o cuatro cosas, una buena cuenta bancaria, esto, aquello?  ¿O un corazón inquieto, que siempre busca aún más cosas que no pudo tener, las cosas del Señor? Esta inquietud del corazón hay que cuidarla siempre".

Un corazón que brille
A este punto, continúa el papa Francisco, Cristo también pone en tela de juicio el "ojo", que es el símbolo “de la intención del corazón", y que se refleja en el cuerpo: "un corazón lleno de amor" vuelve el cuerpo "brillante", un "corazón malo" lo hace oscuro. Del contraste luz-oscuridad, explica el papa, depende "nuestro juicio sobre las cosas", como también lo demuestra el hecho de que un "corazón de piedra", "pegado a un tesoro de la tierra", a "un tesoro egoísta" --que puede también convertirse en un tesoro "del odio", "vienen las guerras...". En cambio, y fue la oración final del papa, que a través de la intercesión de san Luis Gonzaga que hoy la Iglesia recuerda, le pedimos "la gracia de un corazón nuevo", un "corazón de carne":

"Todas estos pedazos del corazón que están hechos de piedra, el Señor los hace humanos, con aquella inquietud, con aquella ansia buena de ir hacia adelante, ¡buscándolo a Él dejándose buscar por Èl! ¡Que el Señor nos cambie el corazón! Y así nos salvará. Nos protegerá de los tesoros que no nos ayuden en el encuentro con Èl, en el servicio a los demás, y también nos dará la luz para ver y juzgar de acuerdo con el verdadero tesoro: su verdad. Que el Señor nos cambie el corazón para buscar el verdadero tesoro y así convertirnos en personas luminosas y no ser personas de las tinieblas".
Traducido por José Antonio Varela V