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vendredi 31 mai 2013

La meditación del Papa para concluir el mes mariano


Queridos hermanos y hermanas,

Esta tarde hemos rezado juntos con el Santo Rosario; hemos recorrido algunos eventos del camino de Jesús, de nuestra salvación y lo hemos hecho con Ella, que es nuestra Madre, María, Ella que con mano segura nos guía hacia su Hijo Jesús. Hoy celebramos la fiesta de la Visitación de la Beata Virgen María a la periente Isabel. Quisiera meditar con ustedes este misterio que desmuestra cómo afronta María el camino de su vida, con gran realismo, humanidad, concreción. Tres palabras sintetizan la actitud de María: escuchar, decidir, actuar; palabras que indican una vía también para nosotros ante lo que nos pide el Señor en la vida.


1. Escuchar. ¿De dónde nace el gesto de María de ir con su pariente Isabel? De una palabra del Ángel de Dios: «Isabel tu pariente, en la vejez, también concibió un hijo…» (Lc, 1, 36). María sabe escuchar a Dios. Atención: no es simplemente un “oír” superficial, sino es una “escucha” llena de atención, de acogida, de disponibilidad hacia Dios. No es la forma distraída con la que a veces nos ponemos frente al Señor o a los demás: oímos las palabras, pero no escuchamos verdaderamente. María presta atención a Dios, escucha a Dios. Pero María también escucha los hechos, es decir leelos eventos de su vida, presta atención a la realidad concreta y no se detiene en la superficie, sino que va a lo profundo, para recibir su mensaje. Su pariente Isabel, que ya es una anciana, espera un hijo: este es el hecho. Pero María presta atención al significado, lo sabe recibir: «Nada es imposible para Dios» (Lc, 1, 37). Esto vale también en nuestra vida: escuchar a Dios que nos habla y también escuchar la realidad cotidiana, atención a las personas, a los hechos, porque el Señor está a la puerta de nuestras vidas y toca de muchas maneras, pone señales en nuestro camino; la capacidad de verlos es tarea nuestra. María es la madre que escucha, escuchar atentamente a Dios y escuchar también atentamente los eventos de la vida.

2. Decidir. María no vive “de prisa”, con afán, sino, como subraya San Lucas, meditaba todas estas cosas en su corazón (Lc, 2, 19, 51). E incluso en el momento decisivo de la Anunciación del Ángel, Ella le pregunta: “¿Cómo sucederá esto?”. Pero no se detiene ni siquiera en el momento de la reflexión: da un paso más: decide. No vive de prisa, sino solo cuando es necesario “va de prisa”. María no se deja arrastrar por los eventos, no evita la fatiga de la decisión. Y esto sucede en la decisión fundamental que cambiará su vida: «Heme aquí, soy la sierva del Señor», tanto en las decisiones más cotidianas, pero también ricas de significado. Me viene a la mente el episodio de las bodas de Caná: aquí también se ve el realismo, la humanidad, la concreción de María, que presta atención a los hechos, a los problemas; ve y comprende la dificultad de esos dos jóvenes esposos a los que les falta el vino de la fiesta, reflexiona y sabe que Jesús puede hacer algo, y decide dirigirse al Hijo para que intervenga «No tienen más vino». En la vida es difícil tomar decisiones, a menudo tendemos a dejarlas para después, a dejar que los otros decidan por nosotros, a menudo preferimos dejarnos arrastrar por los eventos, seguir la moda del momento; a veces sabemos qué tenemos que hacer, pero no tenemos la valentía o nos parece demasiado difícil porque quiere decir ir contracorriente. María, en la Anunciación, en la Visitación, en las bodas de Caná va contracorriente; escucha a Dios, reflexiona y trata de comprender la realidad, y decide confiarse totalmente a Dios, decide visitar, a pesar de estar embarazada, a su anciana pariente, decide confiarse al Hijo con insistencia para salvar la alegría de las bodas.


3. Actuar. María se puso en marcha e «iba de prisa…» (Lc, 1, 39). El domingo pasado subrayé esta forma de actuar de María: a pesar de las dificultades, las críticas que había recibido por su decisión de partir, no se detiene ante nada. Y aquí parte “de prisa”. En la oración, ante Dios que habla, en la reflexión y en la meditación sobre los hechos de su vida, María no tiene prisa, no se deja arrastrar por el momento, no se deja arrastrar por los eventos. Pero, cuando tiene claro qué es lo que Dios le pide, qué es lo que debe hacer, no duda, no se retrasa, sino que “va de prisa”. San Ambrosio comenta: «La gracia del Espíritu Santo no implica lentitudes».  (Expos. Evang. sec. Lucam, II, 19: PL 15,1560). El actuar de María es una consecuencia de su obediencia a las palabras del ángel, pero unida a la caridad: va a Isabel para hacerse útil; y en este salir de su casa, de sí misma, por amor, lleva cuanto tiene de más precioso: Jesús; lleva a su Hijo.

A veces, también nosotros nos paramos a escuchar, a reflexionar sobre lo que deberíamos hacer, quizás también tenemos clara la decisión que tenemos que tomar, pero no pasamos a la acción. Y sobre todo no nos ponemos en juego a nosotros mismos moviéndonos "sin demora" hacia los otros para llevarles nuestra ayuda, nuestra comprensión, nuestra caridad; para también llevar nosotros como María, lo que tenemos de más precioso y que hemos recibido, Jesús y su Evangelio, con la palabra y sobre todo con el testimonio concreto de nuestro actuar.

Escucha, decisión, acción.

María, mujer de la escucha, abre nuestros oídos; haz que sepamos escuchar la Palabra de tu Hijo Jesús entre las mil palabras de este mundo; haz que sepamos escuchar la realidad en la que vivimos, cada persona que encontramos, especialmente aquella que es pobre, necesitada, en dificultad.

María, mujer de la decisión, ilumina nuestra mente y nuestro corazón, para que sepamos obedecer a la Palabra de tu Hijo Jesús, sin titubeos; dónanos el coraje de la decisión, de no dejarnos arrastrar para que otros orienten nuestra vida.

María, mujer de la acción, haz que nuestras manos y nuestros pies se muevan "sin demora" hacia los otros, para llevar la caridad y el amor de tu Hijo Jesús, para llevar, como tú, en el mundo la luz del Evangelio. Amén.


"No se puede llevar adelante el Evangelio con cristianos tristes"

Papa Francisco: "No se puede llevar adelante el Evangelio con cristianos tristes"

El evangelio no se enciende con cristianos desalentados

Advertencia de Francisco en la misa diaria

Roma, 31 de mayo de 2013 (Zenit.org) Redacción 

El Espíritu Santo es el "autor" de la alegría cristiana y para proclamar el evangelio es necesario tener en el corazón la alegría que nos da el Espíritu de Dios. Estas fueron las ideas principales del papa Francisco durante la homilía pronunciada en la misa de hoy viernes en la Casa Santa Marta.  
Según informa Radio Vaticana, acompañaron al papa en el altar el cardenal Jozef Tomko, los arzobispos de Faridabad-Delhi, monseñor Kuriakose Bharanikulangara, y de Belo Horizonte, monseñor Walmor Oliveira de Azevedo. Entre los asistentes estuvo un grupo de empleados de los Servicios Económicos de la Santa Sede, con el director Sabatino Napolitano, y algunos colaboradores de la Guardia Suiza.


La alegría de anunciar
“Con cara de funeral no se puede anunciar a Jesús”. El santo padre traza así una línea de demarcación con respecto a una determinada manera de entender la vida cristiana, aquella marcada por la tristeza. Para sugerir esta reflexión se apoyó en las dos lecturas de la misa.
En la primera, el profeta Sofonías, expresa "¡Alégrate! Grita de alegría, el Señor está en medio de ti!". La segunda, tomada del evangelio, nos cuenta la historia de Isabel y de su hijo que "se regocija" en el vientre al escuchar las palabras de María --de quien el papa, al igual que el pasado domingo, destaca de nuevo la "celeridad" con la que fue a ayudar a su prima. Por lo tanto, explica Francisco, "es todo alegría, la alegría que es fiesta". Sin embargo, continúa, "los cristianos no estamos tan acostumbrados a hablar de la alegría, del gozo", "creo que muchas veces nos gustan más las quejas." Por el contrario, el que "nos da la alegría es el Espíritu Santo": "Es el Espíritu el que nos guía: Él es el autor de la alegría, el Creador de la alegría. Y esta alegría en el Espíritu Santo, nos da la verdadera libertad cristiana. Sin alegría, nosotros los cristianos no podemos ser libres, nos convertimos en esclavos de nuestras tristezas. El gran Pablo VI dijo que no se puede llevar adelante el evangelio con cristianos tristes, desesperanzados, desanimados. No se puede. Esta actitud un poco fúnebre, ¿no? Muchas veces los cristianos tienen un rostro que es más bien para ir a una procesión fúnebre, que para ir a alabar a Dios, ¿no? Y de esta alegría viene la alabanza, esta alabanza de María, esta alabanza que dice Sofonías, la alabanza de Simeón, de Ana: ¡la alabanza de Dios!”.

El corazón alaba a Dios
¿Y cómo se alaba a Dios? Se alaba saliendo de sí mismos, "gratuitamente, como es gratuita la gracia que Él nos da", explica Francisco. Lo que estimula un examen de conciencia sobre la manera de orar a Dios.
Luego quizo dirigir a los presentes esta pregunta: "Usted que está aquí en la misa, ¿alaba a Dios, o solo le pide a Dios y le agradece? ¿Acaso alaba a Dios? Aquello es una cosa nueva, nueva en nuestra vida espiritual. Alabar a Dios, salir de nosotros mismos para alabar; perder el tiempo alabando. ‘Esta misa, ¡qué larga se ha hecho!’. Si no alabas a Dios, no sabes lo que es la gratuidad de perder el tiempo alabando a Dios, y entonces la misa es larga. Pero si vas con esta actitud del gozo, de la alabanza a Dios, ¡esto es hermoso! ¡La eternidad será a alabar a Dios! Y eso no será aburrido: ¡será hermoso! Esta alegría nos hace libres".
El modelo de esta alabanza, y de esta alegría, vuelve a ser la Madre de Jesús "La Iglesia --recuerda el papa Francisco la llama “la causa de nuestra alegría", Causa Nostrae Letitiae. ¿Por qué? Debido a que trae la alegría más grande que es Jesús":


"Tenemos que rezarle a la Virgen, para que trayendo a Jesús nos dé la gracia de la alegría, de la libertad propia de la alegría. Nos dé la gracia de alabar, de alabar con una oración de alabanza gratuita, de alabanza, porque Él es digno de alabanza por siempre. Rezarle a la Virgen y decirle como le dice la Iglesia: Ven, Precelsa Domina, Maria, tu nos visitas, Señora, tú que eres grande, ¡visítanos y danos la alegría!".


Traducido del italiano por José Antonio Varela V.

jeudi 30 mai 2013

''¿Me dejo transformar por Jesús Eucaristía?''

Santa Misa y procesión eucarística en la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo
Por Redacción
CIUDAD DEL VATICANO, 30 de mayo de 2013 (Zenit.org) - A las 19 horas de hoy, Solemnidad del santísimo Cuerpo y sangre de Cristo, el santo padre Francisco celebró la Santa Misa, en el atrio de la Basílica de Juan de Letrán. Luego presidió la Procesión Eucarística que, recorriendo via Merulana, llegó hasta la Basílica de Santa María la Mayor. Publicamos la homilía que el papa dirigió a los fieles en el curso de la Celebración Eucarística.
*****
Queridos hermanos y hermanas:
En el Evangelio que hemos escuchado, hay una expresión de Jesús que me impresiona siempre: "Dadles de comer vosotros mismos" (Lc 9,13). Partiendo de esta frase, me dejo guiar por tres palabras: seguimiento, comunión, compartir.
1. Sobre todo: ¿Quiénes son aquellos a los que dar de comer? La respuesta la encontramos en el inicio del pasaje evangélico: es la multitud. Jesús está en medio de la gente, la acoge, le habla, la cura, le muestra la misericordia de Dios; en medio de ella elige a los Doce Apóstoles para estar con El y sumirse como El en las situaciones concretas del mundo. Y la gente le sigue, le escucha, porque Jesús habla y actúa de modo nuevo, con la autoridad de quien es auténtico y coherente, de quien habla y actúa con verdad, de quien da la esperanza que viene de Dios, de quien es revelación del Rostro de un Dios que es amor. Y la gente, con alegría, bendice a Dios.

Esta tarde nosotros somos la multitud del Evangelio, también nosotros tratamos de seguir a Jesús para escucharle, para entrar en comunión con El en la Eucaristía, para acompañarle y para que nos acompañe. Preguntémonos: ¿cómo sigo a Jesús? Jesús habla en silencio en el Misterio de la Eucaristía y cada vez nos recuerda que seguirlo quiere decir salir de nosotros mismos y hacer de nuestra vida no una posesión nuestra, sino un don de El y a los otros.

2. Demos un paso adelante: ¿de dónde nace la invitación que hace Jesús a los discípulos de alimentar ellos mismos a la multitud? Nace de dos elementos: sobre todo de la multitud que, siguiendo a Jesús, se encuentra al aire libre, lejos de los lugares habitados, mientras se hace de noche, y luego de la preocupación de los discípulos que piden a Jesús despedir a la multitud para que vaya a los pueblos cercanos a encontrar alimento y alojamiento (cfr Lc 9,12). Frente a la necesidad de la multitud, he aquí la solución de los discípulos: cada uno piense en sí mismo; ¡despedir a la multitud! ¡Cuántas veces nosotros los cristianos tenemos esta tentación! No nos hacemos cargo de las necesidades de los otros, despidiéndoles con un piadoso: "¡Que Dios te ayude!". O con un no tan piadoso: "¡Buena suerte!".

Pero la solución de Jesús va en otra dirección, una dirección que sorprende a los discípulos: "Dadles vosotros mismos de comer". ¿Pero cómo es posible que seamos nosotros los que den de comer a una multitud? "Sólo tenemos cinco panes y dos peces, a menos que no vayamos a comprar víveres para toda esta gente". Pero Jesús no se desanima: pide a los discípulos que hagan sentarse a la gente en comunidades de cincuenta personas, alza los ojos al cielo, recita la bendición, parte los panes y los da a los discípulos para que los distribuyan. Es un momento de profunda comunión: la gente que ha bebido la palabra del Señor, es ahora nutrida por su pan de vida. Y todos fueron saciados, anota el evangelista.
Esta tarde, también nosotros estamos en torno a la mesa del Señor, a la mesa del Sacrificio eucarístico, en el que El nos da una vez más su cuerpo, hace presente el único sacrificio de la Cruz. Y en el escuchar su Palabra, en el nutrirnos de su Cuerpo y Sangre, El nos hace pasar de ser multitud a ser comunidad, del anonimato a la comunión. La Eucaristía es el Sacramento de la comunión, que nos hace salir del individualismo para vivir juntos el seguimiento, la fe en El. Entonces deberemos preguntarnos todos ante el Señor: ¿cómo vuvo yo la Eucaristía? ¿La vivo en modo anónimo o como momento de verdadera comunión con el Señor, pero también con tantos hermanos y hermanas que comparten esta misma misa? ¿Cómo son nuestras celebraciones eucarísticas?

3. Un último elemento: ¿De dónde nace la multiplicación de los panes? La respuesta está en la invitación de Jesús a los discípulos: “Ustedes mismos den...”, “dar”, compartir. ¿Qué cosa comparten los discípulos? Lo poco que tienen: cinco panes y dos peces. Pero son justamente estos panes y estos peces los que en las manos del Señor sacian a toda la multitud.
Y son justamente los discípulos desorientados delante de la incapacidad de sus medios --la pobreza de lo que pueden poner a disposición-- quienes hacen acomodar a la gente y distribuyen --confiando en la palabra de Jesús- los panes y peces que sacian a la multitud.
Y esto nos dice que en la Iglesia, pero también en la sociedad, una palabra llave de la que no debemos tener miedo es: “solidaridad”, saber dar, o sea, poner a disposición de Dios todo lo que tenemos, nuestras humildes capacidades, porque solamente compartiendo, en el don, nuestra vida será fecunda, dará fruto. Solidaridad: !una palabra mal vista por el espíritu mundano!

Esta noche, una vez más, el Señor nos distribuye el pan que es su cuerpo, se hace don. Y también nosotros sentimos la “solidaridad de Dios” con el hombre, una solidaridad que no se acaba nunca, una solidaridad que nunca deja de asombrarnos: Dios se vuelve cercano a nosotros, en el sacrificio de la Cruz se humilla entrando en la oscuridad de la muerte para darnos su vida, que vence el mal, el egoísmo y la muerte.

Jesús esta noche también se dona a nosotros en la eucaristía, comparte muestro mismo camino, más aún se hace alimento, el verdadero alimento que sustenta nuestra vida, incluso en los momentos durante los cuales la calle se vuelve dura y los obstáculos retardan nuestros pasos.
Y en la eucaristía el Señor nos hace recorrer su camino, el del servicio, el compartir, el don. Lo poco que tenemos, lo poco que somos, si se comparte se vuelve riqueza, porque la potencia de Dios, que es la del amor, baja dentro de nuestra pobreza para transformarla.

Preguntémonos entonces esta noche, adorando a Cristo realmente presente en la eucaristía: ¿Me dejo transformar por Él? Dejo que el Señor que se dona a mi me guíe para hacerme salir de mi pequeño recinto, para salir y no tener miedo de donarme, de compartir, de amarle y de amar a los otros?
Seguimiento, comunión, compartir. Recemos para que la participación en la eucaristía nos incite siempre: a seguir al Señor cada día, a ser instrumentos de comunión, a compartir con Él y con nuestro prójimo lo que somos. Entonces nuestra existencia será verdaderamente fecunda. Amén.

Traducido del italiano por ZENIT

Tiempo - 180 ciento ochenta grados

Salmistas del siglo XXI-Rap Cristiano

mercredi 29 mai 2013

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La Iglesia no reniega de la cruz ni de sus mártires

Reflexión del papa durante la misa diaria

Roma, 29 de mayo de 2013 (Zenit.org) Redacción | 160 hitos

El triunfalismo paraliza a la Iglesia: es la tentación del cristianismo sin la cruz; la Iglesia es más bien humilde. Esta fue la idea central del papa Francisco, durante la homilía de la misa celebrada en la Casa Santa Marta, a la cual asistieron algunos empleados de la Gobernación del Vaticano.
El evangelio del día narra que Jesús, saliendo con sus discípulos hacia Jerusalén, anuncia su pasión, muerte y resurrección. Es el camino de la fe. Los discípulos --dijo el papa--, piensan en otro proyecto, piensan en hacer solo la mitad del camino, que es mejor detenerse" y "discutían entre sí cómo arreglar la Iglesia, cómo organizar mejor la salvación", informa Radio Vaticana.

La tentación del triunfalismo
Así, Juan y Santiago, le piden sentarse, en su gloria, uno a su derecha y otro a su izquierda, lo que provocó una discusión entre los demás sobre quién era el más importante en la Iglesia. "La tentación de los discípulos –según Francisco--, es la misma de Jesús en el desierto, cuando el demonio se había acercado para proponerle otro camino".
"Haz todo rápido, obra un milagro, algo que todo el mundo te vea. Vamos al templo y haz de paracaidista sin el equipo, por lo que todo el mundo verá el milagro y se cumplirá la redención". Es la misma tentación de Pedro, cuando en un principio no acepta la pasión de Jesús. "Es la tentación de un cristianismo sin cruz, un cristianismo a medio camino".
Luego hay otra tentación, "un cristianismo con la cruz sin Jesús" --de lo que dijo, hablará en otro momento. Sin embargo, "la tentación del cristianismo sin la cruz", de ser "cristianos a medio camino, una Iglesia a medio camino" --que no quiere llegar adonde el Padre quiere--, “es la tentación del triunfalismo. Queremos que el triunfo sea hoy, sin pasar por la cruz, un triunfo mundano, un triunfo razonable":
"El triunfalismo en la Iglesia, paraliza la Iglesia. El triunfalismo de los cristianos, paraliza a los cristianos. Es una Iglesia triunfalista, es una Iglesia a medio camino, una Iglesia que es feliz así, bien organizada, ¡bien organizada! --con todas las oficinas, todo muy bien, todo precioso, ¿eh? Eficiente.

Triunfo al modo divino
Tampoco una Iglesia que reniegue de sus mártires, porque no sabe que los mártires son necesarios a la Iglesia para el camino de la cruz. Una Iglesia que solo piensa en los triunfos, en los éxitos, que no sabe aquella regla de Jesús: la regla del triunfo a través del fracaso, el fracaso humano, el fracaso de la Cruz. Y esta es una tentación que todos tenemos".
El papa, entonces, evoca un momento particular de su vida:
"Recuerdo que una vez, que estaba en un momento oscuro de mi vida espiritual y le pedía una gracia al Señor. Luego me fui a predicar los ejercicios a unas religiosas y el último día se confiesan. Y vino a confesarse una monja anciana, con más de ochenta años, pero con los ojos claros y brillantes: era una mujer de Dios. Al final ví en ella a una mujer de Dios, a la que le dije: «Hermana, como penitencia, ore por mí, porque necesito una gracia. Si usted se lo pide al Señor, me la concedará con toda seguridad». Se detuvo un momento, como si orara, y me dijo: «Claro que el Señor le dará la gracia, pero no se engañe: lo hará a su divina manera». Esto me hizo muy bien. Sentir que el Señor siempre nos da lo que pedimos, pero a su divina manera. Y la divina manera es hasta el extremo. La divina manera consiste en la cruz, pero no por masoquismo: ¡no, no! Sino por amor. Por amor hasta el extremo".

Concluyó así el santo padre: "Pidamos al Señor la gracia de no ser una iglesia a mitad de camino, una Iglesia triunfalista, de grandes éxitos, sino de ser una Iglesia humilde, que camina con decisión, como Jesús. Adelante, adelante, adelante... Un corazón abierto a la voluntad del Padre, como Jesús. Pidamos esta gracia".


Traducido del italiano por José Antonio Varela V.

Audiencia general 29 de mayo de 2013

Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!
El miércoles pasado señalé el profundo vínculo entre el Espíritu Santo y la Iglesia. Hoy quisiera empezar una serie de catequesis sobre el misterio de la Iglesia, un misterio que todos vivimos y del que formamos parte. Me gustaría hacerlo con expresiones presentes en los textos del Concilio Ecuménico Vaticano II.
Hoy empiezo por la primera: la Iglesia como familia de Dios.
En estos meses, más de una vez he hecho referencia a la parábola del Hijo Pródigo, o mejor dicho del Padre Misericordioso (cf. Lc 15,11-32). El hijo más joven sale de la casa de su padre, dilapida todo y decide volver porque se da cuenta de que cometió un error, pero ya no se considera digno de ser hijo y piensa poder ser recibido de nuevo como un siervo. El padre, en cambio, corre a su encuentro, lo abraza, le devuelve su dignidad de hijo y lo celebra. Esta parábola, como otras en el Evangelio, muestra bien el designio de Dios para la humanidad.
¿Cuál es este proyecto de Dios? Es hacer de todos nosotros una única familia de sus hijos, en los que cada uno se sienta cerca y amado por Él, como en la parábola del Evangelio, sienta el calor de ser la familia de Dios. En este gran proyecto encuentra su origen la Iglesia, que no es una organización fundada por un acuerdo de algunas personas, sino -como nos ha recordado tantas veces el Papa Benedicto XVI- es obra de Dios, nace precisamente de este plan de amor que se desarrolla progresivamente en la historia.
La Iglesia nace de la voluntad de Dios de llamar a todos los hombres a la comunión con Él, a su amistad, es más a participar como sus hijos en su mismavida divina. La misma palabra "Iglesia", del griego ekklesia, significa "convocatoria": Dios nos convoca, nos invita a salir del individualismo, de la tendencia a encerrarse en sí mismos y nos llama a ser parte de su familia.
Y esta llamada tiene su origen en la creación misma. Dios nos creó para que vivamos en una relación de profunda amistad con él, e incluso cuando el pecado rompe esta relación con Él, con los demás y con la creación, Dios no nos abandona.
Toda la historia de la salvación es la historia de Dios que busca al hombre, le ofrece su amor, lo acoge. Llamó a Abraham para ser el padre de una multitud; eligió al pueblo de Israel para forjar una alianza que abrazara a todas las naciones; y envió, en la plenitud de los tiempos, a su Hijo para que su designio de amor y de salvación se realizara en una nueva y eterna alianza con la humanidad entera.
Cuando leemos los Evangelios, vemos que Jesús reúne a su alrededor una pequeña comunidad que acoge su palabra, lo sigue, comparte su camino, se convierte en su familia, y con esta comunidad Él se prepara y edifica su Iglesia.
¿De dónde nace entonces la Iglesia? Nace del gesto supremo de amor en laCruz, del costado traspasado de Jesús, del que fluye sangre y agua, símbolos de los sacramentos de la Eucaristía y del Bautismo. En la familia de Dios, en la Iglesia, la savia vital es el amor de Dios que se realiza en amarlo a Él y a los demás, a todos, sin distinción ni medida. La Iglesia es una familia en la que se ama y se es amado.
¿Cuándo se manifiesta la Iglesia? Lo hemos celebrado hace dos domingos; se manifiesta cuando el don del Espíritu Santo, llena el corazón de los Apóstoles y los empuja a salir y a empezar el camino para anunciar el Evangelio, difundir el amor de Dios. Incluso hoy alguien dice: "Cristo sí, Iglesia no". Aquellos que dicen: "Yo creo en Dios pero no en los sacerdotes", ¡eh! Se dice así: "Cristo sí, Iglesia no". Pero es precisamente la Iglesia la que nos lleva a Cristo y nos dirige a Dios: la Iglesia es la gran familia de los hijos de Dios.
Por supuesto, también tiene aspectos humanos; en los que forman parte de ella, pastores y fieles, hay defectos, imperfecciones, pecados: hasta el Papa los tiene, ¡eh! y ¡tiene tantos! Pero lo hermoso es que cuando nos damos cuenta de que somos pecadores nos encontramos con la misericordia de Dios: Dios siempre perdona. No olvidemos esto: ¡Dios siempre perdona! Y Él nos recibe en su amor de perdón y de misericordia.
Algunas personas dicen: "Es hermoso, esto: el pecado es una ofensa a Dios pero también una oportunidad; la humillación para darse cuenta de que hay otra cosa más hermosa, que es la misericordia de Dios". Pensemos en ello.
¿Preguntémonos hoy: ¿cuánto amo a la Iglesia? ¿Rezo por ella? ¿Me siento parte de la familia de la Iglesia? ¿Qué hago para que sea una comunidad donde todos se sientan bienvenidos y comprendidos, para que se sienta la misericordia y el amor de Dios que renueva su vida? La fe es un don y un acto que nos afecta personalmente, pero Dios nos llama a vivir, juntos, nuestra fe, como una familia, como Iglesia.
Pidamos al Señor de una manera especial en este Año de la fe, que nuestras comunidades, toda la Iglesia, sean cada vez más verdaderas familias que viven y traen el calor de Dios. Gracias.

mardi 28 mai 2013

Roma...¿Cuándo volveré a verte?

Me ha gustado mucho este video con fotos de Roma. 



Papa Francisco: "Seguir a Jesús no consiste en hacer carrera, ni en buscar alcanzar el poder"

Papa Francisco: "Seguir a Jesús no consiste en hacer carrera, ni en buscar alcanzar el poder"

No al arribismo en la Iglesia

Llamado de Francisco en la misa diaria

Roma, 28 de mayo de 2013 (Zenit.org) Redacción 

La proclamación de Jesús no es un revestimiento, una pintura, sino que entra en el corazón y nos cambia. Es lo que ha dicho el papa Francisco durante la misa de esta mañana en la Casa Santa Marta. Mencionó también que seguir a Jesús no significa tener más poder, porque su camino es el de la Cruz.
En la misa, concelebrada por monseñor Rino Fisichella y monseñor José Octavio Ruiz Arenas, presidente y secretario del Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización, participó un grupo de presbíteros del mismo dicasterio.
Según informa Radio Vaticana, también asistió un grupo de empleados de la Central termoeléctrica y del Laboratorio de carpintería de la Gobernación del Vaticano, acompañado por el ingeniero Pier Carlo Cuscianna, director de los Servicios Técnicos de la Gobernación.
La recompensa de Jesús
¿Cuál será la recompensa que recibiremos por seguirte? Así ha abierto el papa Francisco su homilía, a partir de la pregunta que Pedro le dirige a Jesús y que, después de todo, se refiere a la vida de todo cristiano. Jesús, observó el papa, observó que los que lo siguen tendrán "muchas cosas buenas", pero "con persecuciones". El camino del Señor, continuó, "es un camino de ‘abajamiento’, un camino que termina en la Cruz".
Por eso, agregó, "siempre habrá dificultades", "persecuciones". Siempre las habrá, "porque Él ha hecho este camino antes" de nosotros. Advirtió que "cuando un cristiano no tiene ninguna dificultad en la vida --todo está bien, todo es bello--, algo está mal". Se puede pensar en esta persona como "un gran amigo del espíritu del mundo, de lo mundano". Y esto, señaló, "es la tentación propia de un cristiano":
"Seguir a Jesús, sí, pero hasta cierto punto; seguir a Jesús como una forma cultural: soy cristiano, tengo esta cultura... Pero sin la exigencia del verdadero seguimiento de Jesús, la exigencia de seguir su camino. Se sigue a Jesús como una propuesta cultural, se utiliza este camino para ir más alto, para tener más poder. Y la historia de la Iglesia está llena de esto, comenzando por algunos emperadores y luego por muchos gobernantes y tanta gente, ¿no? E incluso algunos --no voy a decir muchos, pero algunos--, presbíteros, obispos, ¿no? Algunos dicen que hay muchos..., pero hay algunos de los que piensan que seguir a Jesús es hacer carrera".
No a la carrera eclesiástica
El Papa recordó que en una ocasión, "en la literatura de hace dos siglos", a veces se acostumbraba decir que uno "de un niño quería hacer la carrera eclesiástica". Reiteró que "muchos cristianos, tentados por el espíritu del mundo, creen que seguir a Jesús es bueno porque se puede hacer una carrera, se puede salir adelante". Pero esto "no es el espíritu", es, al contrario, la actitud de Pedro que habla de carrera y Jesús le responde: "Sí, te daré todo, pero con persecución".
"No se puede quitar la Cruz del camino de Jesús: siempre está ahí". Y, sin embargo, advirtió, esto no significa que los cristianos deben salir lastimados. El cristiano "sigue a Jesús por amor y cuando se sigue a Jesús por amor, la envidia del diablo hace muchas cosas". El "espíritu del mundo –observó--, no tolera esto, no tolera el testimonio":
"Piensen en la madre Teresa: ¿qué dice el espíritu del mundo sobre la madre Teresa? 'Ah, la beata Teresa es una gran mujer, ha hecho muchas cosas buenas por los demás...’. El espíritu del mundo nunca dice que la beata Teresa, todos los días, por muchas horas, estaba en adoración... ¡Nunca! Reduce la actividad cristiana al bien social. Como si la vida cristiana fuera una pintura, un barniz de cristianismo. La proclamación de Jesús no es un barniz: el anuncio de Jesús llega a los huesos, al corazón, entra y nos cambia. Y eso no lo tolera el espíritu del mundo, no lo tolera y por lo tanto vienen las persecuciones".
Los que dejan su hogar, su familia para seguir a Jesús, repitió Francisco, recibirán cien veces más "ya ahora en este tiempo". Cien veces junto a las persecuciones. Y esto no se olvida:
"Seguir a Jesús es propiamente esto: ir por amor con Él, detrás de Él: el mismo camino, la misma vía. Y el espíritu del mundo no lo va a tolerar y nos hará sufrir, pero un sufrimiento como el de Jesús. Pidamos esta gracia: seguir a Jesús en el camino que Él nos ha revelado y que Él nos ha enseñado. Esto es hermoso, porque jamás nos deja solos. ¡Nunca! Siempre está con nosotros. Que así sea".


Traducido del italiano por José Antonio Varela V.

Figlie della Carità di San Vincenzo de Paoli: In diretta da Roma la nuova Provincia San Vincenzo...

Figlie della Carità di San Vincenzo de Paoli: In diretta da Roma la nuova Provincia San Vincenzo...:
Presto vi potremo dare istruzioni per partecipare anche "on line" alle celebrazioni per l'apertura della nuova Provincia San V...

lundi 27 mai 2013

psaume 8 : "L'ouvrage de tes mains"

Mucho bienestar impide seguir a Jesús

Advertencia de Francisco en la misa diaria

Roma, 27 de mayo de 2013 (Zenit.org) Redacción | 

Para seguir a Jesús debemos despojarnos de la cultura del bienestar y del encanto por lo temporal. Esta fue la idea principal del papa Francisco durante la homilía de la misa presidida en la Casa Santa Marta. Subrayó también que debemos hacer un examen de conciencia sobre las riquezas que nos impiden acercarnos a Jesús.

Según informa Radio Vaticana, a la misa, que fue concelebrada por el cardenal Philippe Barbarin, arzobispo de Lyon, asistieron los miembros del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, dirigidos por el presidente, monseñor Zygmunt Zimowski, y un grupo de colaboradores de los Servicios Financieros de la Gobernación del Vaticano, dirigidos por el doctor Sabatino Napolitano.

Dejar todo por el Reino

Jesús pide a un joven que dé todas sus riquezas a los pobres y le siga, pero este se va triste. El papa ha desarrollado la homilía partiendo del famoso episodio narrado en el evangelio de hoy. Sobre esto, ha subrayado que "las riquezas son un impedimento", que "no hacen fácil el camino hacia el Reino de Dios”. Además, advirtió, "Cada uno de nosotros tiene sus riquezas, todo el mundo." Siempre hay, dijo, una riqueza que “nos impide caminar cerca de Jesús".  


Todos –continuó--, “debemos hacer un examen de conciencia sobre las que son nuestras riquezas, porque nos impiden acercarnos a Jesús en el camino de la vida". El papa se refirió a dos "riquezas culturales": primero, la "cultura del bienestar, que nos hace poco valientes, nos hace perezosos, incluso nos vuelve egoístas". El bienestar "nos adormece, es una anestesia".

"«No, no, no más de un hijo, porque no podemos tomar vacaciones, no podemos ir a tal sitio, no podemos comprar la casa». Es bueno seguir al Señor, pero hasta cierto punto. Esto es lo que hace el bienestar: todos sabemos bien cómo es el bienestar, pero este nos lleva hacia abajo, nos quita el coraje, aquel coraje fuerte para caminar cerca de Jesús. Esta es la primera riqueza de nuestra cultura actual, la cultura del bienestar".

Encanto por lo temporal

También hay, agregó, "otra riqueza en nuestra cultura", una riqueza que nos "impide caminar cerca de Jesús: es el encanto por lo temporal". Nosotros –dijo, estamos "enamorados de lo temporal". Las "propuestas definitivas" que nos hace Jesús, "no nos gustan". En cambio lo temporal nos gusta, porque "tenemos miedo del tiempo de Dios" que es definitivo:

"Él es el Señor del tiempo, nosotros somos los amos del momento. ¿Por qué? Porque en el momento que somos los amos: hasta aquí sigo al Señor, luego veré... He oído hablar de alguien que quería ser sacerdote, pero por diez años, no más... Cuántas parejas, cuántas parejas se casan, sin decirlo, pero en su corazón está: «mientras dure el amor y luego veremos…». El encanto de lo temporal es una de esas riquezas. Tenemos que convertirnos en dueños del tiempo. Estas dos riquezas son las que en este momento nos impiden seguir adelante. Pienso en tantos, tantos hombres y mujeres que han dejado su tierra natal para ir como misioneros toda la vida: ¡esto es algo definitivo!"

Pienso en tantos hombres y mujeres que "han abandonado sus hogares para construir un matrimonio para toda la vida", aquello es "¡seguir a Jesús de cerca! ¡Es algo definitivo!". Lo temporal, reiteró el papa Francisco, "no es seguir a Jesús", es "nuestro territorio":

"Ante la invitación de Jesús, frente a estas dos riquezas culturales pensemos en los discípulos: estaban desconcertados. Nosotros también podemos estar desconcertados por este discurso de Jesús. Pidamos al Señor que nos dé el coraje para seguir adelante, despojándonos de esta cultura del bienestar, con la esperanza --al final del camino, donde Él nos espera-- puesta en el tiempo. No con la pequeña esperanza del momento, que ya no sirve".

Traducido del italiano por José Antonio Varela V.


(27 de mayo de 2013) © Innovative Media Inc.

Litanie des Saints de la Communauté du Chemin Neuf

dimanche 26 mai 2013

Messe en l'église des saints Zacharie et Elisabeth

Angelus del 26 de mayo de 2013

La comunión nos da la fuerza

El Papa da la Primera Comunión a niños de Roma: la comunión nos da la fuerza

Transcripción y traducción del italiano al español, del dialogo del Obispo de Roma con los niños de primera comunión, en la Parroquia de los Santos Isabel y Sacarías
Por Claudia Alberto y jesuita Guillermo Ortiz de RADIO VATICANA

En sus palabras el párroco me ha hecho recordar algo muy bello de la Virgen. Cuando la Virgen apenas recibió el anuncio que sería madre de Jesús y que su prima Isabel estaba embarazada –dice el evangelio- fue rápidamente, no esperó, no dijo: ahora yo estoy embarazada, tengo que cuidar mi salud, mi prima tendrá sus amigas que quizás la ayuden. Ella sintió algo y fue rápidamente. Es muy lindo pensar esto de la Virgen, de nuestra madre, que va rápidamente, porque tiene esto dentro: ayudar, va para ayudar no va gloriarse y decir a su prima: escucha, ahora mando yo porque soy la mamá de Dios. No, no hizo eso, fue a ayudar y la Virgen es siempre así, es nuestra madre que siempre viene rápidamente cuando nosotros tenemos necesidad. Sería bello agregar a las letanías de la Virgen una que diga así: “Señora que vienes rápidamente, ora por nosotros” porque ella va siempre rápidamente, no se olvida de sus hijos. Cuando sus hijos están en la dificultad, tienen necesidades, la invocan, ella rápidamente viene y esto nos da una seguridad de tener la Madre al lado, junto a nosotros siempre. Y se camina mejor en la vida cuando tenemos la madre cerca. Pensemos en esta gracia de la Virgen de estar cerca de nosotros sin hacernos esperar. Siempre ella está para ayudarnos. Tengamos confianza en esto.
También la Virgen nos ayuda a entender bien a Dios, a Jesús, a entender bien la vida de Jesús, la vida de Dios, a entender bien qué es el Señor, cómo es el Señor, quién es Dios.
A ustedes niños, les pregunto quién sabe quién es Dios, levante la mano.
Un niño responde: “el creador de la tierra”.
Bien, afirma el Papa y pregunta ¿y cuántos dioses hay?, ¿uno?, ¿el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo o son tres dioses? ¿Cómo se explica esto? ¿Son uno o tres?
Los chicos responden: “Uno”.
¿Y cómo se explica que uno sea el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo?, pregunta el Papa y explica que son tres en uno. ¿Qué hace el Padre?, el Padre es el principio, que ha creado todo, que nos ha creado a nosotros.
¿Qué hace el Hijo? Pregunta Francisco, ¿quién sabe decir qué hace Jesús? Jesús viene a enseñarnos la Palabra de Dios, muy bien eso.
¿Pero después qué ha hecho Jesús en la tierra? Nos ha salvado. Jesús ha venido para dar su vida por nosotros.

El Padre crea el mundo, Jesús nos salva ¿y el Espíritu Santo qué hace? Nos ama, nos da el amor… (El Papa hace repetir a los chicos)…
Esta es la vida cristiana, hablar con el Padre, hablar con el Hijo y hablar con el Espíritu Santo. Jesús nos ha salvado y también camina con nosotros en la vida, ¿es verdadero? Pregunta: ¿Y cómo camina? ¿Qué hace Jesús cuando camina con nosotros en la vida? Esta pregunta es difícil, afirma Francisco, el que responde vence el derby (competencia de fútbol entre los equipos más importantes) Hay risas y aplausos de todos…
Los chicos responden: Jesús nos ayuda, nos guía. Muy bien dice el Papa, Jesús camina con nosotros, nos ayuda, nos guía. Y también Jesús nos da la fuerza para caminar. Nos sostiene en las dificultades y también en las tareas de la escuela –risas de todos-.

El obispo de Roma pregunta cómo nos da la fuerza Jesús, esto ustedes lo saben. Los chicos responden: con la comunión.
Con la comunión nos da la fuerza –insistió el Obispo de Roma-, Él viene a nosotros. Pero ¿Un pedazo de pan me da tanta fuerza?
No, responden los chicos, es el Cuerpo de Cristo.
Aquello sobre el altar, pregunta el Papa, ¿es pan o no es pan?. Parece pan, pero no es propiamente pan es el Cuerpo de Jesús. Jesús viene a nuestro corazón.
Pensemos en esto todos, el Padre nos ha dado la vida, Jesús nos ha dado la salvación, nos acompaña, nos guía, nos sostiene, nos enseña. El Espíritu Santo, nos ama, nos da el amor. Pensemos a Dios así y pidamos a la Virgen, nuestra Madre que viene rápidamente siempre para ayudarnos, que nos enseñe a entender bien cómo es Dios.

"La realidad se entiende mejor desde las periferias"

Primera visita del papa a una parroquia romana

El santo padre ha salido esta mañana del Vaticano a las 8.30 en helicóptero para dirigirse en visita pastoral a la parroquia de santos Isabel y Zacarías. Es la primera de las parroquias de su diócesis que visita y por deseo del santo padre, ha comenzado por las periferias. Esta parroquia es la más alejada del centro de la ciudad y la primera que se ve para quien accede a la ciudad por la carretera del norte.

Cientos de personas esperaban al papa en los alrededores de la parroquia y en las zonas habilitadas para seguir la eucaristía. Los niños cantaban: "papa Francisco. Ven con nosotros".
A su llegada a la parroquia, el papa Francisco se ha encontrado con las familias con los niños que ha sido bautizados a lo largo del año y con los enfermos.
A las 9.30, en la plaza frente a la iglesia parroquial habilitada para celebrar la eucaristía, el papa se ha dirigido al altar para dar comienzo la celebración dominical. Antes de comenzar, el párroco, don Benoni Ambarus, se ha dirigido a los presentes. Ha reconocido que acogían este momento con alegría y emoción. El párroco ha recordado que son la última de las parroquias de Roma, pero también ha señalado que en ocasiones se habla de las periferias en sentido negativo, pero esta parroquia lo experimenta de una forma "vivaz":  "somos centinelas", ha dicho, porque "somos la primera puerta de la ciudad". El párroco ha presentado el regalo que los niños de la parroquia han preparado para el papa: un cartel y una cesta llena de panes, algunos en forma de oveja.
A continuación el papa se ha dirigido al párroco como "querido primer centinela" y los fieles como "queridos centinelas". El santo padre ha reconocido que le ha gustado esta idea de las periferias en sentido positivo, "la realidad se entiende mejor desde las periferias" . A continuación ha dicho sonriendo: "El papa está en el Vaticano, hoy aquí ha venido el obispo". Y antes de dar paso al comienzo de la celebración, ha pedido una oración por su colaborador monseñor Alfred Xuereb, que hoy celebra el 29 aniversario de su ordenación sacerdotal.
Durante la homilía el papa ha hablado de la visitación de María a Isabel y ha recordado las palabras del Evangelio que dicen que la Virgen fue "con prontitud" a visitar a su prima. "Es bonito pensar que ella va con prontitud", ha dicho el papa. Es algo que "tiene dentro del corazón" y "lo hace para ayudar". María siempre acude con esa prontitud porque "somos sus hijos" y "porque nos ama" ha explicado. Y es que cuando está la madre cerca "se camina mejor" ha recordado el papa Francisco.
Además la Madre, ha afirmado, "nos ayuda a entender bien a Jesús, cómo es Jesús, quién es Dios". Con la sencillez de un párroco que habla con los niños que van a recibir por primera vez la comunión, les ha explicado qué es la Trinidad, y preguntándoles y haciéndoles participar les ha recordado que el Padre es el creador, el Hijo vino a salvarnos y el Espíritu Santo nos ama. Del mismo modo, les ha recordado que la fuerza para caminar nos la da Dios en la comunión, es Jesús que "viene a nuestro corazón".
El santo padre hoy ha administrado el sacramento de la Eucaristía a 16 niños y ha dado la comunión también a otros 28 que habían recibido el sacramento los domingos pasados.
Tras la bendición final del papa, el párroco ha invitado a los niños, vestidos con sus trajes blancos, a subir al altar. Tal y como pidió el primer día que salió a la plaza de San Pedro, santo padre "rezamos por usted cada día" ha confirmado el párroco, y al igual que ese día pidió la bendición de los fieles, los niños de la primera comunión han bendecido hoy al papa través de un bello canto, mientras el papa se ha inclinado frente a los niños para recibir esta bendición especial. Al finalizar la canción los niños se han agrupado en torno a él para abrazarlo y saludarlo y con mucha complicidad el papa el ha recordado que todo cristiano puede bendecir, porque "bendecir" es "decir bien" y ésto todos tenemos que hacerlo.
A continuación, el papa Francisco ha saludado a los colaboradores parroquiales y ha hecho entrega al párroco de un cáliz, como recuerdo a la parroquia.
Antes de partir, el obispo de Roma, subido al jeep descubierto ha seguido saludando a los fieles y con especial atención por los niños, reunidos en los alrededores de la parroquia, mientras le coreaban ¡gracias!

samedi 25 mai 2013

''No cerremos las puertas a quien se acerca a la Iglesia''

Ciudad del Vaticano,  (Zenit.orgRedacción |

Los cristianos que piden no deben nunca encontrar puertas cerradas. Las iglesias no son oficinas donde presentar documentos y papeles cuando se pide entrar en la gracia de Dios. “¡No debemos instituir el octavo sacramento, el de la aduana pastoral!”. Ha sido la acogida cristiana el tema de la reflexión del papa Francisco en la homilía de la misa concelebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta esta mañana, entre otros con el cardenal Agostino Cacciavillan.
Comentando el evangelio de Marcos (10, 13-16), el pontífice ha recordado el reproche de Jesús a los discípulos que querían alejar de él a los niños que la gente llevaba para pedir una caricia. Los discípulos proponían “una bendición general y después todos fuera”, pero ¿qué dice el Evangelio? Que Jesús se indignó –ha respondido el papa- diciendo “dejad que vengan a mí, no se lo impidáis. A quien es como ellos pertenece el Reino de Dios”.
La fe del pueblo de Dios es una fe sencilla. Por ejemplo, quizá no sabe explicar bien quién es la Virgen, pero “para esto –ha dicho- hay que ir al teólogo: te explicará bien quién es María”. Pero, ha añadido, “si tú quieres saber cómo se ama a María, ve donde el pueblo de Dios que te lo enseñará mejor y bien”. Es un pueblo “que siempre se acerca para pedir algo a Jesús” y algunas veces también con un poco de insistencia. “Recuerdo una vez –ha contado el papa- durante la fiesta patronal de la ciudad de Salta; una señora humilde pedía a un sacerdote la bendición. El sacerdote le dijo: ¡pero señora usted ha estado en la misa! Y luego le ha explicado toda la teología de la bendición en la misa. Ah, gracias padre, sí padre, respondió la señora. Pero cuando el sacerdote se fue la señora se dirigió a otro sacerdote: deme la bendición. Todas aquellas palabras no entraron en ella porque tenía otra necesidad, la necesidad de ser tocada por el Señor. Esta es la fe que buscamos y que debemos encontrar siempre porque la suscita el Espíritu Santo. Nosotros debemos facilitarla, hacerla crecer, ayudarla a crecer.
El papa luego ha vuelto a explicar la actitud de Jesús que reprende a los apóstoles que impiden a la gente acercarse a él. No lo hacían por maldad: querían sólo ayudarle. Lo mismo habían hecho aquellos que en Jericó trataron de hacer callar al ciego que, advertido de la presencia de Jesús, gritaba para atraer su atención y hacerse salvar. Era como si hubieran dicho, ha explicado el papa: “El protocolo no lo permite: este es la segunda persona de la Trinidad, ¿qué haces? Esto me hace pensar en muchos cristianos...”.
Para explicar mejor el concepto, el pontífice ha puesto algunos ejemplos. En particular lo que sucede cuando dos novios que quieren casarse se presentan en la secretaría de una parroquia y, en vez de apoyo o de felicitaciones, oyen enumerar los costes de la ceremonia o les preguntan si sus documentos están bien. Así a veces, ha recordado el papa, estos “encuentran la puerta cerrada”. De este modo quien tendría la posibilidad “de abrir la puerta dando gracias a Dios por este nuevo matrimonio” no lo hace, al contrario la cierra. Tantas veces “somos controladores de la fe en lugar de ser facilitadores de la fe de la gente”.
Es “una tentación que tenemos; la de adueñarnos, apropiarnos del Señor”. Y ha puesto otro ejemplo: el caso de una madre soltera que va a la iglesia, a la parroquia, pide bautizar al niño y le responde “un cristiano o una cristiana”: no “no puedes, tú no estás casada”. Y ha añadido: “Mirad esta chica que ha tenido el coraje de llevar adelante su embarazo” y de no abortar: “¿Qué encuentra? Una puerta cerrada. Y así sucede a muchas. Este no es un buen celo pastoral. Esto aleja del Señor, no abre las puertas. Y así cuando vamos por esta vía, con esta actitud, no hacemos bien a la gente, al pueblo de Dios. Pero Jesús ha instituido siete sacramentos y nosotros con esta actitud instituimos el octavo, el sacramento de la aduana pastoral”.
“Jesús se indigna cuando ve estas cosas porque ¿quién sufre con esto? Su pueblo fiel, la gente que le ama tanto. Jesús –ha concluido el papa- quiere que todos se acerquen a él. “Pensemos en el santo pueblo de Dios, pueblo sencillo, que quiere acercarse a Jesús. Y pensemos en todos los cristianos de buena voluntad que se equivocan y en vez de abrir una puerta la cierran. Y pidamos al Señor que todos aquellos que se acercan a la Iglesia encuentren las puertas abiertas para encontrar este amor de Jesús”.

vendredi 24 mai 2013

"Soportar con paciencia y vencer con amor".


Roma,  (Zenit.orgRedacción 

"Soportar con paciencia y vencer con amor las opresiones externas e internas": fue esta la oración elevada por el papa Francisco durante la misa en memoria de María Auxiliadora, celebrada en la Casa Santa Marta.
Según informa Radio Vaticana, el santo padre pidió dos gracias: "Soportar con paciencia y vencer con amor". Se trata de "gracias propias de un cristiano".
"Soportar con paciencia" –señala-- "¡no es fácil!".
"No es fácil, cuando las dificultades vienen desde el exterior, o cuando vienen los problemas en el corazón, en el alma, los problemas internos". Pero, soportar –explica--, no es "cargar encima una dificultad":
"Soportar es tomar el problema y llevarlo adelante, con fuerza, para que la necesidad no nos abaje. Ir hacia adelante con fuerza: esa es una virtud cristiana. San Pablo habla varias veces. Soportar. Esto significa no dejarnos vencer por las dificultades. Esto significa que el cristiano tiene la fuerza para no darse por vencido. Cargarlas, pero hacia arriba: esto es soportar. No es fácil, porque el desaliento aparece, y uno tiene la tentación de bajar los brazos y decir: "Bueno, vamos, hacemos lo que podemos, pero no es más”. Pero no, soportar es una gracia. Tenemos que pedirla, en medio de las dificultades".
La otra gracia que el papa pide es "vencer con amor":
"Se puede ganar por muchos caminos, pero la gracia que pedimos hoy es la gracia de la victoria con amor, a través del amor. Y esto no es fácil. Cuando tenemos enemigos fuera que nos hacen sufrir tanto: no es fácil vencer con amor. Existe el deseo de vengarnos, de enfrentarse a él... El amor: aquella humildad que Jesús nos enseñó. ¡Esa es la victoria! El apóstol Juan nos lo dice en su primera Carta: "Esta es nuestra victoria, nuestra fe". Nuestra fe es aquel creer en Jesús, que nos enseñó el amor y nos enseñó a amar a todos. Y la prueba de que estamos en el amor es cuando oramos por nuestros enemigos".
Orar por los enemigos, por los que nos hacen sufrir -- continúa el papa, "no es fácil". Sin embargo, somos "cristianos derrotados" si no perdonamos a los enemigos, y si no oramos por ellos. Y "¿cuántos cristianos tristes, desanimados, encontramos?" --exclamó, porque "no tuvieron la gracia de soportar con paciencia y vencer con amor":
"Por lo tanto, pedimos a la Virgen que nos dé la gracia de soportar con paciencia y vencer con amor. ¡Cuántas personas --muchos ancianos y ancianas--, han seguido este camino! Y es hermoso verlos: tienen una mirada preciosa, una felicidad serena. No hablan mucho, pero tienen un corazón paciente y lleno de amor. Saben lo que es el perdón de los enemigos, saben lo que es orar por nuestros enemigos. Muchos cristianos son así".
La misa contó con la participación de los empleados del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, encabezados por el presidente del dicasterio, monseñor Claudio Maria Celli. Y el día en que se celebra la Jornada de Oración por la Iglesia en China, asistió a la ceremonia el arzobispo chino salesiano Savio Hon Tai-Fai, secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, y un grupo de presbíteros, religiosos, seminaristas y laicos en China. Al final de la oración de los fieles, el papa rezó: "Por el noble pueblo chino: que el Señor lo bendiga y Nuestra Madre lo proteja". La misa terminó con un himno a la Virgen en chino.
Traducido del italiano por José Antonio Varela V.