Reflexión del papa durante la misa diaria
Roma, 29 de mayo de 2013 (Zenit.org) Redacción | 160 hitos
El triunfalismo paraliza a la
Iglesia: es la tentación del cristianismo sin la cruz; la Iglesia es más bien
humilde. Esta fue la idea central del papa Francisco, durante la homilía de la
misa celebrada en la
Casa Santa Marta , a la cual asistieron algunos empleados de
la Gobernación del Vaticano.
El evangelio del día narra que
Jesús, saliendo con sus discípulos hacia Jerusalén, anuncia su pasión, muerte y
resurrección. Es el camino de la
fe. Los discípulos --dijo el papa--, piensan en otro
proyecto, piensan en hacer solo la mitad del camino, que es mejor
detenerse" y "discutían entre sí cómo arreglar la Iglesia, cómo
organizar mejor la salvación", informa Radio Vaticana.
La tentación del triunfalismo
Así, Juan y Santiago, le piden
sentarse, en su gloria, uno a su derecha y otro a su izquierda, lo que provocó
una discusión entre los demás sobre quién era el más importante en la Iglesia.
"La tentación de los discípulos –según Francisco--, es la misma de Jesús
en el desierto, cuando el demonio se había acercado para proponerle otro
camino".
"Haz todo rápido, obra un
milagro, algo que todo el mundo te vea. Vamos al templo y haz de paracaidista
sin el equipo, por lo que todo el mundo verá el milagro y se cumplirá la
redención". Es la misma tentación de Pedro, cuando en un principio no
acepta la pasión de Jesús. "Es la tentación de un cristianismo sin cruz,
un cristianismo a medio camino".
Luego hay otra tentación, "un
cristianismo con la cruz sin Jesús" --de lo que dijo, hablará en otro
momento. Sin embargo, "la tentación del cristianismo sin la cruz", de
ser "cristianos a medio camino, una Iglesia a medio camino" --que no
quiere llegar adonde el Padre quiere--, “es la tentación del triunfalismo.
Queremos que el triunfo sea hoy, sin pasar por la cruz, un triunfo mundano, un triunfo
razonable":
"El triunfalismo en la Iglesia,
paraliza la Iglesia. El
triunfalismo de los cristianos, paraliza a los cristianos. Es una Iglesia
triunfalista, es una Iglesia a medio camino, una Iglesia que es feliz así, bien
organizada, ¡bien organizada! --con todas las oficinas, todo muy bien, todo
precioso, ¿eh? Eficiente.
Triunfo al modo divino
Tampoco una Iglesia que reniegue de
sus mártires, porque no sabe que los mártires son necesarios a la Iglesia para
el camino de la
cruz. Una Iglesia que solo piensa en los triunfos, en los
éxitos, que no sabe aquella regla de Jesús: la regla del triunfo a través del
fracaso, el fracaso humano, el fracaso de la Cruz. Y esta es una tentación que todos
tenemos".
El papa, entonces, evoca un momento
particular de su vida:
"Recuerdo que una vez, que
estaba en un momento oscuro de mi vida espiritual y le pedía una gracia al
Señor. Luego me fui a predicar los ejercicios a unas religiosas y el último día
se confiesan. Y vino a confesarse una monja anciana, con más de ochenta años,
pero con los ojos claros y brillantes: era una mujer de Dios. Al final ví en
ella a una mujer de Dios, a la que le dije: «Hermana, como penitencia, ore por
mí, porque necesito una gracia. Si usted se lo pide al Señor, me la concedará
con toda seguridad». Se detuvo un momento, como si orara, y me dijo: «Claro que
el Señor le dará la gracia, pero no se engañe: lo hará a su divina manera».
Esto me hizo muy bien. Sentir que el Señor siempre nos da lo que pedimos, pero
a su divina manera. Y la divina manera es hasta el extremo. La divina manera
consiste en la cruz, pero no por masoquismo: ¡no, no! Sino por amor. Por amor
hasta el extremo".
Concluyó así el santo padre:
"Pidamos al Señor la gracia de no ser una iglesia a mitad de camino, una
Iglesia triunfalista, de grandes éxitos, sino de ser una Iglesia humilde, que
camina con decisión, como Jesús. Adelante, adelante, adelante... Un corazón
abierto a la voluntad del Padre, como Jesús. Pidamos esta gracia".
Traducido del italiano por José
Antonio Varela V.
