“Qué bien se está aquí”, exclamó
Pedro, después de haber visto al Señor Jesús transfigurado, revestido de
gloria. ¿Podríamos repetir también nosotros esas palabras? Pienso que sí,
porque para todos nosotros, hoy, es bueno estar aquí reunidos en torno a
Jesús. Él es quien nos acoge y se hace presente en medio de nosotros, aquí en
Río. Pero en el Evangelio también
hemos escuchado las palabras del Padre: “Este es mi Hijo, el escogido, escuchadle”
(Lc 9,35).
Por tanto, si por una parte es Jesús el que nos acoge; por otra, también
nosotros hemos de acogerlo, ponernos a la escucha de su palabra, porque
precisamente acogiendo a Jesucristo, Palabra encarnada, es como el Espíritu nos
transforma, ilumina el camino del futuro, y hace crecer en nosotros las alas de
la esperanza para caminar con alegría (cf. Carta enc. Lumen fidei,
7).
Pero, ¿qué podemos hacer? “Bota
fé – Pon fe”. La cruz de la Jornada Mundial de la Juventud ha gritado estas
palabras a lo largo de su peregrinación por Brasil. ¿Qué significa “Pon
fe”? Cuando se prepara un buen plato y ves que falta la sal, “pones”
sal; si falta el aceite, “pones” aceite… “Poner”, es decir, añadir, echar.
Lo mismo pasa en nuestra vida, queridos jóvenes: si queremos que tenga
realmente sentido y sea plena, como ustedes desean y merecen, les digo a cada
uno y a cada una de ustedes: “pon fe” y tu vida tendrá un sabor nuevo,
tendrá una brújula que te indicará la dirección; “pon esperanza” y cada día de
tu vida estará iluminado y tu horizonte no será ya oscuro, sino luminoso; “pon
amor” y tu existencia será como una casa construida sobre la roca, tu camino
será gozoso, porque encontrarás tantos amigos que caminan contigo. ¡Pon
fe, pon esperanza, pon amor!
Pero, ¿quién puede darnos esto? En el Evangelio hemos escuchado la
respuesta: Cristo. “Este es mi Hijo, el escogido, escuchadle”. Jesús es quien
nos trae a Dios y nos lleva a Dios, con él toda nuestra vida se transforma, se
renueva y nosotros podemos ver la realidad con ojos nuevos, desde el punto de
vista de Jesús, con sus mismos ojos (cf. Carta enc. Lumen fidei, 18). Por
eso hoy les digo con fuerza: “Pon a Cristo” en tu vida y encontrarás un
amigo del que fiarte siempre; “pon a Cristo” y verás crecer las alas de la
esperanza para recorrer con alegría el camino del futuro; “pon a Cristo” y tu
vida estará llena de su amor, será una vida fecunda.
Hoy me gustaría que todos nos preguntásemos sinceramente: ¿en quién
ponemos nuestra fe? ¿En nosotros mismos, en las cosas, o en Jesús? Tenemos
la tentación de ponernos en el centro, de creer que nosotros solos construimos
nuestra vida, o que es el tener, el dinero, el poder lo que da la felicidad. Pero no
es así. El tener, el dinero, el poder pueden ofrecer un momento de embriaguez,
la ilusión de ser felices, pero, al final, nos dominan y nos llevan a querer
tener cada vez más, a no estar nunca satisfechos.
¡”Pon a Cristo” en tu vida, pon
tu confianza en él y no quedarás defraudado! Miren, queridos amigos, la fe
lleva a cabo en nuestra vida una revolución que podríamos llamar copernicana,
porque nos quita del centro y pone en él a Dios; la fe nos inunda de su amor
que nos da seguridad, fuerza, esperanza. Aparentemente no cambia nada, pero, en
lo más profundo de nosotros mismos, todo cambia. En nuestro corazón habita la
paz, la dulzura, la ternura, el entusiasmo, la serenidad y la alegría, que son
frutos del Espíritu Santo (cf. Ga 5,22) y nuestra existencia se transforma,
nuestro modo de pensar y de obrar se renueva, se convierte en el modo de pensar
y de obrar de Jesús, de Dios. En el Año de la Fe, esta Jornada Mundial de la
Juventud es precisamente un don que se nos da para acercarnos todavía más al
Señor, para ser sus discípulos y sus misioneros, para dejar que él renueve
nuestra vida.
Querido joven, querida joven: “Pon a Cristo” en tu vida. En estos
días, Él te espera en su Palabra; escúchalo con atención y su presencia
enardecerá tu corazón. “Pon a Cristo”: Él te acoge en el Sacramento del perdón,
para curar, con su misericordia, las heridas del pecado. No tengas miedo de
pedir perdón. Él no se cansa nunca de perdonarnos, como un padre que nos
ama. ¡Dios es pura misericordia! “Pon a Cristo”: Él te espera en el encuentro
con su Carne en la Eucaristía, Sacramento de su presencia, de su sacrificio de
amor, y en la humanidad de tantos jóvenes que te enriquecerán con su amistad,
te animarán con su testimonio de fe, te enseñarán el lenguaje de la caridad, de
la bondad, del servicio. También tú, querido joven, querida joven, puedes ser
un testigo gozoso de su amor, un testigo entusiasta de su Evangelio para llevar
un poco de luz a este mundo nuestro.
“Qué bien se está aquí”, poniendo
a Cristo, la fe, la esperanza, el amor que él nos da, en nuestra vida. Queridos
amigos, en esta celebración hemos acogido la imagen de Nuestra Señora de
Aparecida. Con María, queremos ser discípulos y misioneros. Como ella, queremos
decir “sí” a Dios. Pidamos a su Corazón de Madre que interceda por nosotros,
para que nuestros corazones estén dispuestos a amar a Jesús y a hacerlo amar. ¡Él
nos espera y cuenta con nosotros! Amén.


